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Por José Luis Paredes Pacho "Ah, qué cotidiana es la vida" Jules Laforgue
Las cuatro escenas culturales
En México un artista sólo puede prosperar mediante el subsidio estatal, las concesiones logradas con influencias, o a través del estrellato comercial que le otorgue cierta autonomía. Si eres artista visual, jazzista, roquero, escenógrafo, teatrero, titiritero, performancero, etcétera, y no eres "famoso" como para que la iniciativa privada se interese por tu trabajo, no tienes más remedio que seguir presentándote en los circuitos universitarios o institucionales bastante saturados, o quedarte en la subterraneidad de siempre.
Si partimos de las diferentes formas de gestión cultural sin fijarnos en los contenidos, el panorama cultural podría dividirse en cuatro escenas principales: a) los espacios oficiales; b) la escena de la industria cultural; c) la escena subterránea y d) la escena alternativa heterodoxa.
a) Los circuitos oficiales. Abarcan los foros y políticas administrados por instituciones culturales gubernamentales, con una lógica de gestión y programación vertical. Estos circuitos culturales institucionales son indispensables, pero no suficientes para responder a las crecientes necesidades culturales del país.
b) La industria cultural y de entretenimiento. Incluye a las disqueras transnacionales, las revistas, la radio y la televisión comerciales, así como los foros concesionados a grandes empresas o empresarios, etcétera. La industria cultural es necesaria y, al margen de la calidad de sus ofertas, lo importante para nuestro tema es que tiende a la gestión vertical regida por la máxima ganancia. Como tal, es imposible esperar que su dinámica beneficie a las expresiones culturales emergentes, menos aún a las más heterodoxas.
c) La escena subterránea. Puede asociarse a las heterodoxias, a la contracultura y las subculturas, pero su principal característica es que se ejerce dentro de las dinámicas de la economía informal. Lo natural es que estos proyectos subterráneos tiendan a crecer y desarrollarse hasta dejar atrás la economía informal, para insertarse en circuitos alternativos de pequeña economía, que es la cuarta escena. Al menos así sucede en otros países.
d) La escena alternativa independiente. Comprende actividades y espacios gestionados directamente por las comunidades de artistas o pequeños empresarios mediante cooperativas no lucrativas, los colectivos, así como las micro, pequeña y mediana empresas. Aquí la profesionalización no se equipara necesariamente al superestrellato ni la fama. Es un sector que requiere de apoyo ante el dominio del gran mercado y el gran capital.
De la independencia como fatalidad a la reivindicación de la autonomía
En los años cincuenta y sesenta, los roqueros debían esperar a que una discográfica comercial los fichara. A partir de 1971 las disqueras prácticamente se cerraron al rock local, pero los músicos veían la independencia aún como fatalidad. Mientras tanto, en las artes visuales los grupos reivindicaban ya la independencia frente a las galerías y museos institucionales.
En 1985, a raíz de las movilizaciones relacionadas con el terremoto de la ciudad de México, artistas de diferentes disciplinas organizaron conciertos de solidaridad que incluían plástica, performance, teatro, músicas varias, video, cine, danza, etcétera. Esta escena posterremoto coincidió con las tendencias del "hazlo por ti mismo" del punk.
Al terminar los años noventa los grupos dejaron de buscar a las discográficas y editaron su trabajo por vías independientes, ya con una actitud reivindicativa, actitud reforzada por el creciente acceso a las computadoras personales y a internet, ahora incluso móvil. Esto abrió una tímida polémica sobre la propiedad intelectual, el software libre, los derechos de autor, las licencias de creative commons y el copy left.1
Un país sin infraestructura independiente
El rock alternativo se desarrolló en los años ochenta en Estados Unidos dentro de sus propios circuitos de bares, radios estudiantiles, publicaciones y tiendas de discos, pero aquí en México todavía no hay radio estudiantil, ni de barrio, ni suficientes emisoras comunitarias e indígenas que transmitan en su propia lengua, ni foros donde reunirse de acuerdo a afinidades electivas.
Nada más natural que cada generación busque un sitio donde reunirse a intercambiar ideas y compartir experiencias. Así, en los años ochenta se improvisaban galerías en casas privadas para realizar fiestas y exposiciones, como en la Quiñonera (ahí se presentó SEMEFO). Los editores de la Pusmoderna organizaban fiestas multidisciplinarias en un bar, como el Nueve. Un grupo de Djs rentaba una cantina para realizar "reventones", como La Perla o La Faena. Otros se aventuraban a montar un bar cultural que, con el tiempo, sería cerrado por los inspectores delegacionales.
Todos estos lugares fueron cerrando porque carecían de licencias, entre otras razones, pero si estos sitios no eran cantinas, bares, cabarets, discotecas ni table dance… ¿cómo podían tener licencias si no existía la figura legal para su perfil?
Escuelas "naturales" de arte
Estos foros estaban relacionados con la fiesta, pero no se trataba de sitios de reventón exclusivamente. También formaban artistas y públicos sin que ello costara nada al erario. En una entrevista Pedro Almodóvar rememora los ochenta madrileños: "Pensando en esa época, lo más representativo y donde más tiempo pasábamos era el Rock Ola. Yo creo que fue como la gran universidad de aquellos años, algo que reflejaba lo que ocurría en el mundo".2
En México, el baterista Fernando Toussaint recuerda el bar Arcano de los ochenta: "Era la escuela de música que hace falta en este país. El simple hecho de ir y ver lo que pasa resultaba ya una escuelotota. Ahí se juntaban todas las generaciones vivas".
El Arcano se inauguró en julio de 1988. Ahí los jazzistas presentaban sus proyectos artísticos personales y los programas se mantenían en cartelera el tiempo que necesitaran para consolidarse o mostraran su inviabilidad; un lujo que un bar comercial no podría darse. Servía de centro de información para los músicos, que intercambiaban partituras fotocopiadas y clases videograbadas para instrumentistas. Seguramente el actual auge de jazzistas de calidad en México le debe mucho a este foro de los ochenta.
El Arcano fue clausurado varias veces. Al respecto, el grupo de jazz La Banda Elástica declaró que cuando se presentaba en la Sala Carlos Chávez de la UNAM, las autoridades consideraban que su trabajo era cultural, mientras que, si tocaba en el Arcano, ya era visto como reventón. ¿La cultura debe ser diurna, aséptica y académica para considerarse tal?
Subsidio a la industria del entretenimiento
Al Arcano llegaban los mejores jazzistas de la ciudad para "palomear" después de haber pasado la semana "hueseando" con las estrellas televisivas, interpretando un género musical que no es el que los motivó en un inicio a dedicarse a la música. En otras palabras, si el Estado invierte en escuelas de música, ¿se trata de formar a artistas que no tengan dónde presentarse? El gasto en escuelas de arte termina subsidiando a la gran industria, formando cuadros de creadores desempleados o apenas asalariados de las estrellas del entretenimiento: cineastas que hacen comerciales para vivir, actores que actúan en telenovelas, etcétera.
En cambio, fomentar la independencia cultural significa también generar fuentes de empleo para artistas, pequeños promotores y operadores en general.
Los foros culturales de los años ochenta fueron también trincheras de librepensamiento que inspiraron a sitios como Temístocles 44 y la Panadería de los años noventa, relacionados ya con el despegue internacional de las artes visuales locales.
Los noventa y las artes visuales
El 31 de marzo de 1993 un grupo de artistas fundó Temístocles 44. Comenzó como un laboratorio de experimentación introspectiva, según cuenta Abraham Cruz Villegas: "Después de algún tiempo en que comenzamos a reunirnos esporádicamente para hablar del trabajo de alguno de nosotros, ya fuera de manera organizada o espontáneamente, poco a poco, esa colectividad fue creciendo y consolidándose, por lo que decidimos hacer convocatorias más rigurosas o —al menos— más ordenadas".3
Como el Arcano, Temístocles 44 fue un centro de intercambio de ideas. Abraham: "Hacíamos fotocopias de los textos y catálogos que nos interesaban. Reuníamos un fajo de papeles procedentes de nuestras fuentes diversas, a veces contradictorias, los engrapábamos, los repartíamos, los leíamos y conversábamos, dando pie a la argumentación más que al consenso".4
Surgió como reacción al conformismo dentro del mundo del arte y las instituciones culturales oficiales de la época. Cerró en 1995, dejando en claro para sus integrantes las limitaciones de la autogestión y de las instituciones del país: "el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), ha otorgado anualmente innumerables becas y apoyos a los creadores, sin por ello generar implícitamente estrategias o proyectos culturales independientes de larga duración".5
La experiencia de Temístocles 44 sería recogida por La Panadería, 6 un espacio fundado por Yoshua Okon y varios artistas, inspirándose en otros espacios independientes de Canadá (Système Parallèle) y San Francisco (ATA). Sus logros fueron muchos. Formó un público y creó un sentido de comunidad, impulsó la carrera de muchos artistas, sirvió de puente con el extranjero. Como el Arcano, provocó el intercambio de ideas entre personas que de otra forma no se habrían encontrado y estableció contacto entre diversas generaciones de artistas, clases sociales y públicos.7 En vez de favorecer únicamente al público especializado, involucró a gente que no solía interesarse por el arte. Respondió a la economía de lo pequeño, propia de la esfera alternativa. Operó sin fines de lucro. No planteaba una división entre profesión y vida cotidiana, manteniendo una perspectiva comunitaria y urbanística. El espacio sintetizó la experiencia de la búsqueda de autonomía en las décadas de los años ochenta y noventa.8
¿Qué es la autogestión? ¿Para este universo que se jacta de su independencia, cómo es la vida diaria en el mundo real? Yoshua la evoca de manera diáfana: "Independientemente de mi papel como artista y programador, en un mismo día podía ayudar a montar una exhibición, destapar un excusado, comer con el presidente de Conaculta para solicitarle apoyo, ir a la delegación porque el local había sido clausurado, entrevistar candidatos para el equipo de trabajo del espacio, llevar a un artista austriaco de la residencia al doctor, e invitar a este mismo artista a cenar con amigos".9
La Panadería operó sin licencia, porque figuras que den cobertura a foros con conceptos de funcionamiento como el que ellos ejercían "no son facilitadas por la ley".10
El pánico moral contra los jóvenes
Hasta aquí he hablado de espacios relacionados principalmente con un público de clase media, pero la necesidad de contar con espacios de reunión y experimentación es todavía más grave para las diferentes subculturas juveniles.
El espacio no es sólo geografía ni simple ocupación de inmuebles, sino sobre todo una red de relaciones sociales. Como escribe Doreen Massey en Cool places. Geographies of youth cultures, el espacio es identidad: "Desde ser capaz de tener tu propio cuarto (al menos entre las familias ricas), hasta rolar en esquinas determinadas o en clubes donde va sólo la gente de tu edad, la construcción de la espacialidad puede ser un elemento importante para construir la identidad social".11
Según Doreen Massey: "El control de la espacialidad es parte del proceso para definir la misma categoría social de juventud",12 pues el control sobre el comportamiento espacial es parte de una lucha social acerca de qué es lo aceptable y qué no lo es respecto de las formas culturales juveniles.13
En todo caso, en este país los jóvenes no pueden confeccionar sus lugares de reunión según sus afinidades. En cambio, la política del Estado implementa el toque de queda en varias ciudades para los menores de edad.
Contraculturas indígenas
En noviembre de 2001 tuvo lugar en Huautla de Jiménez un concierto de rock con Santa Sabina. El grupo local fue Súper Sapo (nombre que viene de su lugar de origen, Río Sapo, ubicado a tres horas de Huautla), integrado por miembros de la pandilla "los antis mazatecos".14
Entre el público estuvieron las pandillas los Killers, los Warriors, los Duendes y los Batos Locos (aunque cambian de nombre cada vez que se les ocurre o que se les reconoce). Todos estos chavos viven su indigenidad a su manera. Ellos promocionaron el concierto con pintas en los muros, gracias a que contaban con un permiso de la presidencia municipal para evitar ser apañados como siempre.
Lo que no es tradición es plagio: Juchitán
En mayo de 1997 asistí a una fiesta en Juchitán amenizada por una banda regional de instrumentos tradicionales. De pronto alguien anunció a un grupo de rock local de nombre Emociones Contradictorias, que para mi sorpresa eran los mismos músicos de la banda tradicional, sólo que con otros instrumentos: en lugar del gran tambor grave, guitarras acústicas y flautas, ahora tocaban una batería, guitarras con distorsionadores, bajo eléctrico y saxofón. El único instrumento que conservaron fue la concha de tortuga. Su repertorio incluyó La Llorona, conservando el ritmo en seis octavos y la letra en zapoteco. Si bien algunos adultos de la localidad los criticaban, el sonido era una forma de extender sus raíces, es decir, vanguardia pura: la modernidad, acaso entendida como tradición de la ruptura (Octavio Paz), era posible gracias a ese diálogo con lo más antiguo.
En 1990 registré que los artesanos otomíes del barro, en Metepec, hacían árboles de la vida durante el día y en la noche tocaban punk con su banda Orines de Puerco, al igual que Batalla Negativa.15 En Michoacán también hay grupos de rap en purépecha. Un mundo emergente, aún invisible.
Tradición de la ruptura
Hace 20 años, en Veracruz, Mono Blanco creó talleres de laudería que propiciaron la proliferación de grupos como Los Utrera, Son de Madera y Chuchumbé. El proceso se ha acelerado y ahora surgen grupos más jóvenes.
En Tlacotalpan terminé alguna vez comiendo tamales con Los Cojolites debajo de una palapa, a la orilla del río Papaloapan. Al terminar, como para digerir los alimentos, cogieron sus jaranas pero en lugar de tocar su repertorio tradicional comenzaron a improvisar una versión reggae de La Bamba y luego una versión jarocha del Clandestino, de Manu Chao. Nada raro en ellos, porque Los Cojolites tenían entre 15 y 21 años y crecieron oyendo lo mismo sones que rock.
Cofradías recónditas
Volviendo a los barrios capitalinos, el Foro Alicia reúne cada noche a punkosos, surfers, hiphoperos, hardcoreros, darks, etcétera, con lo cual quiero decir que el sitio es muy importante para varias escenas, a pesar de ser muy pequeño.
Inaugurado en 1995, su director es Ignacio Pineda: "Hacemos presentaciones de libros. Tenemos expos de artes plásticas, video, tatuaje. Los miércoles y los jueves la entrada es gratis". Nacho tiene varios proyectos en mente, como crear una radio comunitaria, una editorial, un comedor vegetariano, un consultorio médico accesible para los chavos. Una fonoteca y un sello de discos.
Redes
La organización FEAS (Foro de Espacios Alternativos) surgió a finales de 2001 cuando las autoridades clausuraron los foros Circo Volador, Café de Nadie y Multiforo Alicia y tuvieron que reunirse para resistir conjuntamente. Como no hay una figura legal para los espacios culturales (caracterizados por ser interdisciplinarios, multiclasistas, no lucrativos y por mantener una praxis comunitaria), siempre están expuestos a la clausura, además las actividades heterodoxas que realizan no siempre son bien vistas por las autoridades.
El FEAS exigía la reapertura de los espacios, pero también el reconocimiento de un estatus legal para sus actividades culturales no lucrativas que les distinguen de un simple restaurante con variedad o de un cabaret (que son figuras estas últimas que sí existen en la Ley de Establecimientos Mercantiles que rige a los establecimientos públicos).16
Esta experiencia maduró y en 2004 surgió RECIA, impulsada por el Alicia, el Galerón, La Alberka (hoy Komplejo Kultural), La Danza,17 Fuga, El Circo Volador y La Pirámide. Salvo los dos últimos foros semiindependientes, todos los demás son completamente autónomos.18 Pugnan por crear una licencia tipo C dentro de la Ley de Establecimientos Mercantiles que les permita la venta de alcohol. También plantean revisar la Ley de Fomento Cultural de la Ciudad, para incluir la categoría de Espacio Cultural Independiente Alternativo; además de revisar los códigos fiscal y financiero, que les tratan como empresas lucrativas. Igualmente cuestionan el código de buen gobierno de la ciudad, que criminaliza la repartición de volantes y prohibe la fijación de carteles; es decir, que les cierra incluso los canales callejeros para la difusión de sus actividades, como si pudieran pagar los anuncios espectaculares comerciales que inundan la ciudad, o las inserciones en la prensa o los spots en radio y televisión.
Gran mercado de arte y capital inmobiliario
Con recursos económicos y relaciones políticas de las que carecen los foros sí es posible superar cualquier requisito legal en México. Por ejemplo, en ciertas zonas de la ciudad existen foros de cultura alternativa apoyados por las políticas públicas y por el gran capital, como es el caso del Centro Histórico que busca ser restaurado, o sea, que utiliza la cultura y el arte para generar tejido social que atraiga a la ciudadanía a transitar por ellas.
Al progresivo achicamiento del Estado y sus gastos, incluida la cultura, parece sumarse un modelo universal caracterizado por la alianza entre el capital inmobiliario y el mercado de arte para generar tejido social, a partir de la utilización de los artistas bohemios, subterráneos y alternativos como pioneros en los arrabales depreciados, siguiendo un patrón ya probado en Pilsen de Chicago, East Village, SoHo y Williamsburg de Nueva York,19 en Silverlake de Los Ángeles, o en Mision de San Francisco.20
RECIA pugna por una ciudad donde las representaciones culturales sean posibles para todos, no sólo para los pocos sectores sociales apadrinados por el gran capital.
Crítica a la categoría de industrias culturales
Es preocupante hablar de industrias culturales cuando implícitamente parece aludirse de forma exclusiva a las grandes empresas del entretenimiento. Porque no es lo mismo el restaurante-bar franquicitado Hard Rock Café, que el Foro Alicia, ni el Foro Sol que La Pirámide. Tampoco es lo mismo la disquera BMG/SONY, que los emergentes net labels (sellos en línea), como Filtro o Mandorla21 o el sello Subunda. De la misma manera que no podemos confundir a la Editorial Diana con Ediciones sin Nombre, por poner sólo unos cuantos ejemplos. Evidentemente que esta confusión va en detrimento de los proyectos pequeños e independientes, que son los que, además, cobijan iniciativas culturales locales por estar vinculados a comunidades concretas, lejos de la abstracción del gran mercado.
Así, pugnar por apoyar a las industrias culturales a secas implicaría abrir el erario todavía más sólo para la gran industria cultural, soslayando otras formas de gestión económica, como son las que estamos revisando, es decir, las medianas y pequeñas empresas culturales, los colectivos, las cooperativas, las microempresas y hasta los proyectos de artistas independientes que buscan desarrollar sus trabajos directamente, siguiendo lógicas económicas muy distintas a las regidas por el lucro máximo.
Claro que la gran industria cultural es necesaria, pero no es la única imprescindible. En todo caso, debe entenderse que los cuatro escenarios culturales con los que comencé esta exposición podrían ser complementarios entre sí.22
Acaso el Estado deba ser facilitador, pero sólo si lo es para los sectores con menos recursos, vinculados a las expresiones aún no posicionadas en el gran mercado.
Turismo cultural y lo auténtico local
Otra arista de la política cultural y las políticas públicas es el turismo cultural, del cual tanto se habla últimamente, pero cuya concepción suele reducirse al turismo convencional que sólo beneficia a la gran industria turística. Una vez más, se deja fuera al turismo juvenil alternativo, el cual es definido por la sociología como el viajero que se interesa por lo "auténtico local", es decir, que no busca el resort turístico, sino acceder a la cultura y las formas de vida de las comunidades locales.23
Este turismo "de mochila al hombro" genera una derrama económica que no es calibrada por las actuales estadísticas del turismo, debido a que no consume en los restaurantes de la industria convencional organizada, sino en loncherías y mercados locales y que, asimismo, le interesa asistir, precisamente, a expresiones culturales locales. Al respecto, es importante considerar el caso de una ciudad como Amsterdam, Holanda, país que concibe el turismo juvenil alternativo como un gran generador de divisas y por eso fomenta la cultura independiente local incluso con subsidios proporcionales, otorgando un 10% extra respecto a sus recursos autogenerados.24
Experiencia acumulada
En efecto, en los años sesenta, con el auge de los movimientos juveniles y estudiantiles por todo el mundo, los gobiernos de países como Holanda no reprimieron a sus heterodoxos, sino que les permitieron concretar sus formas naturales de organización, ofreciéndoles reglamentarlas para su protección a largo plazo. Hoy día hay en Amsterdam foros históricos como Paradiso, que funciona dentro de una iglesia abandonada, o bien Melkeweg (la Vía Láctea, pues fue una fábrica de leche abandonada). Por su parte, en Viena existe el WUK25 en una inmensa fábrica de ferrocarriles abandonada, y éstos son sólo algunos casos. Todos estos foros llevan funcionando décadas en sus respectivos países, por eso cuentan con una experiencia acumulada que les permite ofrecer mejores servicios y programas.
La utopía
Imaginemos a una compañía de danza joven o de teatro emergente que pudiera rentar un galerón en algún barrio barato, no restaurado, en el cual los integrantes montaran una barra de bebidas, unas mesas y una tarima donde presentar sus coreografías con cierta periodicidad, mientras que el resto de los días el espacio podría funcionar como bar y centro de reunión para sus cofrades, con lo cual podrían financiar su proyecto dancístico. Pues bien, conocí un lugar semejante en Sevilla, llamado En Danza, el cual presentaba conciertos de grupos emergentes (por ejemplo, El Bicho, un grupo de rock psicodélico que fusiona música flamenca), mientras que entre semana se convertía en escuela y lugar de ensayo para diversas compañías de danza brasileña, contemporánea y flamenco, o de circo de cámara, a la vez que rentaba el espacio incluso a compañías profesionales que alquilaban un espacio para sus ensayos (ahí vi a Farruquito ensayando con el célebre Manuel Molina). Pues bien, la barra y los conciertos financiaban sus actividades.
Final
Fomentar la independencia no significa achicar el gasto público en cultura. El Estado debe invertir también directamente en cultura.26Lo que se requiere es analizar la forma en que se toman las decisiones respecto a dicho gasto, sin dispendios ni clientelismos.
En términos gramscianos, las estaciones de radio alternativa, los foros independientes, los bares culturales, las revistas, los fanzines, los discos independientes, la música alternativa al mainstream, etcétera, pueden considerarse también diques de resistencia ciudadana contra los avances del autoritarismo monocultural, expresado en sus formas estatales, civiles o por la homologación del libre mercado.
Estas culturas emergentes y heterodoxas representan ejercicios de librepensamiento que requieren de espacios gestionados por las comunidades culturales, donde las prácticas artísticas de la sociedad civil se materialicen de acuerdo a la identidad de cada comunidad concreta, generación o propuesta, independientemente de ideologías clientelares, partidos, sistemas o sexenios. Nadie puede crear o sembrar artificialmente estos espacios, pero sí diseñar políticas culturales y abrir políticas públicas basadas en la tolerancia para que florezca aún más, por sí misma, la iniciativa cultural y felizmente disímbola de la ciudadanía. n
1Paredes Pacho, José Luis, "El movimiento indie", en nexos 351, marzo 2007.
2 Gallero, José Luis, Sólo se vive una vez. La Movida Madrileña, Ed. Ardora, Madrid 1991.
3 Cruz Villegas, Abraham, "Temístocles 44: ¡¿Qué parió?!", en Escultura Social, a New Generation of Art from Mexico City. Rodrigues Widholm, Julie, ed. Museo of Contemporary Art Chicago /Yale University Press, New Haven and London, 2008, p. 111.
4 Ibíd., p. 112. 5Ibíd., p. 111. 6 Okon, Yoshua, "Introducción", La Panadería 1994-2002, Turner, México, p. 7.
7Idem. 8 Ibíd., p. 9. 9 Ibíd., p. 8. 10Ibíd., p. 12.
11 Massey, Doreen, "The spatial construction of youth cultures", en Cool places. Geographies of youth cultures, Skelton, Tracey y Valentine, Gill, editores, Routledge, London, 1998, p. 128.
12 Ibíd., p. 127.
13 Esto lo afirma al analizar a las congregaciones juveniles nómadas de la Gran Bretaña de los noventa, conocidas como los New Age Travellers: "Aquí, el control sobre el comportamiento espacial fue parte de una lucha social acerca de qué es lo aceptable y qué no lo es respecto de las formas juveniles culturales". Ibíd., p. 128.
14 Cfr. Paredes Pacho, José Luis, "Heterodoxias indígenas", en Ruidos de la Calle, sección cultural diario Reforma, México, 26 de octubre de 2001.
15Cfr. Paredes Pacho, José Luis, Rock Mexicano. Sonidos de la calle, Editorial Aguirre Beltrán, México, 1992.
16Otras demandas eran: contar con apoyos fiscales para sus operaciones no lucrativas, la necesidad de poner al servicio de este tipo de proyectos culturales a los inmuebles gubernamentales desocupados y la formación de una comisión mixta para dictaminar una política cultural de apoyo a los foros culturales alternativos.
17 Al momento de escribir estas notas, el foro cultural La Danza se halla clausurado.
18Considero sugerente destacar que el foro Fuga consiste en realidad en un espacio o foro virtual.
19 Cfr. Paredes Pacho, José Luis, "Crónicas de Nueva York", en Ruidos de la Calle, sección cultural del diario Reforma, 20 de octubre de 1999, 5 de noviembre 1999 y 12 de noviembre de 1999.
20 Smith, Neil, The new urban frontier. Gentrification and the revanchist city. Routledge, New York, 1996.
21 Cfr. Memoria de la feria de disqueras independientes del Museo del Anahuacalli Diego Rivera, 2004.
22 Véase Paredes Pacho, José Luis, Rock Mexicano. Sonidos de la calle, Editorial Aguirre Beltrán, México, 1992, pp. 99-103.
23 Desforgues, Lukes, "'Chequing Out The Planet': Global Representations/ Local Identities and Youth Travel", en Cool Places. Geographies of Youth Culture, Skeleton ed, Routledge, London, 1998, p.175
24 Cfr. Paredes Pacho, José Luis, "Los puentes del Paradiso en la tierra", en La Jornada Semanal, 2 de junio de 1996. Y http://www.jornada.unam. mx/1996/06/02/sem-pacho.html
25 Cfr. Paredes Pacho, José Luis, "De Memoria", en La Jornada Semanal, 9 de febrero de 1997. Y http://www.jornada.unam.mx/1997/02/09/ sem-pacho.html
26 París otorga el 10% a la cultura.
Fuente: Revista nexos No. 368 • Agosto de 2008 http://www.nexos.com.mx/articulos.php?id_article=1644&id_rubrique=734#
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