|
Escrito por H-K'INYAH La investigación del calendario maya y de la predicción del tiempo en los Libros del Chilam Balam, nos ha llevado a un examen profundo de la posible relación entre los ciclos de manchas solares y el clima.
Es obvio que comprobáramos tal vinculación y se estableciera el mecanismo de variación de dichos ciclos a corto y largo plazo, hacia el pasado y hacia el futuro, encontraríamos la explicación de los episodios más importantes de nuestra historia y nos podríamos aventurar a predecir el futuro.
Heinrich Schwabe en 1944 fue el primero en señalar que pasan por un máximo y un mínimo cada 10 años aproximadamente. Rodof Wolf, del Observatorio astronómico de Zurcí definió la unidad para medir estos máximos y mínimos, en función del número de mancha aisladas y de grupos, definiendo un ciclo de 11.1 años. Investigaciones posteriores como las de Hedí, Nicholson, Hale, Mitchel y particularmente las de Herman y Goldberg de la NASA, han llevado a esta rama de la ciencia al punto de confirmar que existen fuertes argumentos a favor de la relación entre las manchas solares y el clima. Si algunas manifestaciones de actividad solar demuestran ciclicidad, hay otras que parecen ser esporádicas e impredictibles; tuvimos entonces la tarea de investigar la proporción en que influyen sobre el clima. El Dr. H. Wheeler estudió la historia climática y humana en un periodo de 2600 años, con la ayuda de las investigaciones en los anillos de los árboles, lo que le permitió construir lo que llama “reloj de sequías” y pudo identificar un ciclo de 23 años y medio, sobre los cuales aparecen otros ciclos de 51 años y otros de un poco más de 100 años, otros de 170, otros de 510 y finalmente, grandes ciclos de alrededor de 1020 años.
Debemos advertir que la fechación de cada ciclo es solamente aproximada, pues se basa en contar anillos y en las épocas excepcionalmente secas, puede ocurrir que no se llegue a formar un anillo en 2 o 3 años. Igualmente cuando una plaga acaba con las hojas de árbol, este inicia nuevo crecimiento y agrega un anillo más, tal como si hubiera pasado por un invierno extra. Ni siquiera las pruebas de Carbono 14 podrían ayudar para afinar más el cálculo y solamente la observación directa por más de 1000 años podría dar una precisión mayor.
El único pueblo de la tierra que realizó esta labor secular de observaciones cuidadosas y las consignó en inscripciones sobre monumentos de piedra y en códices, fue el pueblo Maya, preocupación que persistió por más de mil años y que solamente se explica por un propósito práctico, el de poder conocer por anticipado, los fenómenos climatológicos que podían afectarles. En esos maravillosos registros se menciona prominentemente a diversos planetas y bien haríamos en examinar el papel que ellos juegan en los ciclos que hemos descrito. Sorprende que nadie hasta ahora haya sugerido la hipótesis de que las manchas solares son perturbaciones causadas por los planetas de nuestro sistema solar, a los que los Mayas identificaron como los “Sagrados del Nueve Cielo”, BOLON TIKUH, terminología de graduación astronómica que con el tiempo se convirtió en mitología; personajes que influyen en los acontecimientos planetarios, junto con los OSHLAHUN TIKUH, que es el nivel de más allá del sistema solar, o sea las estrellas y constelaciones. No estimo que pueda calificarse de casual el hecho de que Júpiter, BOLON YOKTEIL, BOLON, nueve por su localización en el cielo en la línea de la eclíptica y YOKTEIL, el Viejo Pata de Palo, por su forma lenta y pausada de desplazarse por los caminos del cielo, el planeta más grande y pesado del sistema solar y esto es importante, el que tiene la rotación más rápida (9 horas, 54 minutos), por lo que debe poseer un magnetismo poderosísimo, completa una vuelta alrededor del Sol en exactamente 11 años 314 días, 20 horas, 6 minutos y 58 segundos, o sean 11.86 años, que es casi exactamente la periodicidad que los astrónomos le han encontrado a las manchas solares y multiplicado por 2 nos da una cantidad de 8665 días. La excentricidad de la órbita Joviana sería razón suficiente para que durante el perihelio ocurriese un máximo de perturbaciones en la corona del Sol y durante el afelio un mínimo. Se pudo conocer el periodo de la revolución sideral de Júpiter mediante la observación de su oposición aparente y la constelación sobre la cual se encontraba. EL Chilam Balam, del Siglo XIX
Si quieres leer el manuscrito, en la Universidad de Princton lo puedes leer aqui: Manuscrito, escrito e ilustrado en Chumayel, Yucatán, se remonta probablemente a fines del siglo 18, cf. Edmondson, Berrera, y Roys. Se refiere a la historia de la conquista de Yucatán por los españoles. Incluye el ritual de los cuatro cuartos mundo; el aumento de Hunac Ceel al poder, una profecía para el Katun 11-Ahau, la construcción de los montículos; memorandos en relación con la historia de Yucatán; notas en el calendario; amorial los rumbos de Yucatán; notas sobre la astronomía; el interrogatorio de los jefes, la creación del mundo; los rituales de los ángeles; una canción de la Itzá, la creación de la uinal; una historia de la conquista española, la profecía de Chilam Balam y la historia de Antonio Martínez, un capítulo de preguntas y respuestas, un conjuro, una serie de profecías-Katun; crónicas, un libro de profecías-Katun, el juicio final; profecías de una nueva religión, cf. Roys. Hay inscripciones en español y una lengua nativa a lo largo (1832-1838), incluyendo nombres, lugares y fechas. Por ejemplo una línea escrita dice: "Chumayel Junio 28. De 1838 Chilam Balam [por Pedro Bristano]. El caso es que cada Katun Profético del Chilam Balam consta de 24 Haabs, ciclo de 365 días, sumando 8760 días y esto nos da una diferencia de 96 días con respecto al ciclo de Júpiter. Si a cada Rueda Profética le diéramos el valor de 24 Tunes de 360 días, nos da un total de 8640 días y el ciclo verdadero de manchas solares (igual a 2 revoluciones de Júpiter) equivale a 8659 días, 16 horas, 13 minutos, 56 segundos, lo cual marca una diferencia de solo 19 2/3 días, o sea un Uinal, que se arrastraba seguramente como cuenta suplementaria. CICLOS Sinódico de Júpiter = 399 por 22 = 8778 (1.4.6.18) Años = 11 años 315 (4332.6) días por 2 = 8665.3 (1.4.1.5), (2 ciclos, dato H:M:C:= 8659.6). (1.4.0.19 o 1.5.0.0). 24 Tunes = 8640, a casi un uinal de distancia de 2 años de Júpiter. (1.4.0.0). 24 Haabs = 8760, a 28 días de los 22 ciclos sinódicos. 100 días de diferencia de 2 ciclos de Júpiter. (1.4.6.0). Cualquier posibilidad de pronosticar los cambios climatológicos del futuro debe ser vista con gran interés, puesto que de ello dependerá el futuro de la humanidad. Llama desde un principio la atención que el calendario civil Maya esté diseñado con base en Ahau Katunes de 24 Haabs (años de 365 días). Se discierne en este hecho una conexión con los años de Júpiter y los ciclos de manchas solares. Las Profecías de Chilam Balam, al establecer un contraste entre un Ahau Katun y el siguiente y al hacer referencia a estados del clima que abarcarían todo el ciclo o fracciones de 6 o 12 años, comprueban que los mayas suponían o sabían que los cambios metereológicos ocurrían en ciclos que serían fáciles de predecir con dicha unidad de medida del tiempo. Estas deducciones refuerzan el hecho de que al comparar las profecías de Ahau Katunes del mismo número, pero de diferentes ruedas; no solamente están bajo advocaciones idénticas y se les asienta en los mismos lugares geográficos, sino que anuncian las mismas condiciones climáticas y hasta desgracias similares. Evidentemente creían en la repetición cíclica del clima y tenían fe en su capacidad de predecir tales cambios, proyectándose al futuro hasta más de 600 años, pues 2 Ruedas proféticas como las del Chilam Balam de Maní equivalen a 624 Haabs. La conexión entre los ciclos solares y el clima de la tierra ha sido propuesta por diversos autores y recientemente la NASA ha reunido información importante con los satélites artificiales que le han llevado a la conclusión de que, o bien, las manchas solares son un barómetro de los cambios en las constantes de actividad de nuestro sol y reflejan procesos directos que están relacionados con esta actividad y su relación con los fenómenos atmosféricos terrestres para afectar al clima. Ya se ha podido tener referencia acerca de cuales son los efectos de los mínimos y máximos de manchas y se ha encontrado que: 1.- Los inviernos más severos se producen cuando hay mínimos de manchas, las cuales también producen más viento. 2.- Las sequías ocurren al finalizar un mínimo, después de un máximo negativo. 3.- La temperatura superficial aumenta con los máximos, pero esto es porque la atmósfera está menos húmeda y llega más radiación a la Tierra. Además las nubes reflejan los rayos del Sol. 4.- En las regiones tropicales las temperaturas son mínimas con máximo de manchas y llueve más. 5.- Las correlaciones a corto plazo fallan porque las lluvias no dependen solamente de la temperatura, sino de la ionización. Los fenómenos de la cauda, el efecto de la Luna y otros factores, hacen que no siempre se optimice la humedad, la temperatura y la ionización para producir lluvias. Por lo general en los máximos hay más ionización, pero necesita también haber humedad en la atmósfera. 6.- Los máximos demasiado altos y prolongados traen sequías frías y los mínimos sequías cálidas. En 1920 empezaron a fallar las correlaciones; posiblemente se halla debido a las modificaciones en la atmósfera por la contaminación. 7.- Los máximos de manchas producen mayor precipitación en las regiones tropicales y menor en las latitudes medias. 8.- Las productoras de granos, situadas a los 40 grados norte están sujetas a grandes sequías que ocurren en un mínimo después de un máximo negativo. 9.- La temperatura global en general es menor con el máximo de manchas. Con la correlación que encontró el Ing. Héctor M. Calderón entre la Cuenta Larga, los Ahau Katunes y el calendario cristiano se puede ya afirmar que: La colonización Olmeca de las regiones tropicales de Veracruz, Tabasco, Chiapas y Guatemala, obedeció a una prolongada sequía que convirtió en desierto el centro y norte de la República Mexicana y que el desarrollo y auge de este pueblo fue paralelo a un ciclo húmedo que hizo posible la radiación centrífuga de su cultura. Que otra gran sequía causó violentos reacomodos por la migración masiva de pueblos norteños que buscaron refugio en el trópico. La migración de los Itza a la península de Yucatán y la de los Shiu teotihuacanos a Guatemala obedece a otra gran sequía, como también el abandono de Chichén Itza y entonces los Itza se trasladaron a la región de Palenque (Balam Kan), empujados seguramente por el hambre. Igualmente coinciden con grandes sequías continentales y tal vez mundiales, la caída de Teotihuacan (TULAM), la de Tula y en general, los episodios más dramáticos de la historia prehispánica, entre ellos simultáneamente la caída y el abandono de las ciudades Mayas del Clásico, ya que no aguantaron la presión, muchas veces violenta, de las tribus del norte que emigraron hacia esos lugares que aún se conservaban verdes y fértiles. Hay explicaciones lógicas, más allá de las fantasías creadas para explicar el final de una gran era de esplendor de este pueblo y podemos decir que está bien documentado este evento de la historia. La existencia de profecías como las de Chilam Balam, que otorgan especial atención a la climatología futura, la palpable semejanza temática de los códices conocidos y la obsesión astronómica de las inscripciones en piedra y alfarería, son prueba irrefutable de que los Mayas poseían algún método para predecir los fenómenos cíclicos de la atmósfera, relacionándolos con la observación de los cuerpos celestes. No es posible pensar que el pueblo hubiera tolerado durante tantos siglos una casta sacerdotal con privilegios que por mera curiosidad científica se dedicase a observar los cielos, si tal ciencia no se hubiese traducido beneficios palpables para el hombre del campo. La continuidad de las mediciones astronómicas, que abarca desde las evidencias más remotas de las culturas mayas y olmecas hasta antes de la llegada de los españoles es el argumento más sólido para pensar que esta ciencia logró un grado suficiente de precisión en el pronóstico del tiempo. Movidos por esta inquietud analizamos la posible fundamentación de la ciencia climatológica de los mayas con resultados ampliamente positivos. FIN
|