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A PROPOSITO DE NUESTRA BANDERA Cuentan las historias, las muy viejas historias que Tenoch fue uno de los líderes más importantes de los mexicas, sucedió cuando terminaban los 300 años de peregrinaciones, desde las muy lejanas fechas de aquella mítica Aztlan, hasta que se instalaron en Chapultepec, y a Tenoch le correspondería fundar la ciudad orgullo de nuestros abuelos peregrinos. Durante el largo trayecto, Huitzilopochtli transfigurado en Teomama se les reveló en sus visiones a Chimalma, Apacnecatl, Cuauhcoatl y Tlicoatl, paro no desfallecer y continuar a su destino; cuentan las leyendas como en varias ocasiones se les mostró transfigurado en colibrí, erigiéndose así como su guía espiritual y su más elevado grado de sabiduría. En el camino conocieron y vivieron con los toltecas, sus maestros, de quienes aprendieron tanto sus costumbres como la religión y la cultura que daría forma a la ciudad fundada por Tenoch. Pero antes los mexicas debían cumplir un destino y así continuaron su peregrinar por Tlemaco, Atotonilco, Apaxco, Zumpango, Coatlan, Acolman y tantas tierras, hasta que por fin llegaron a Chapultepec. Si bien su fuerte y templado espíritu los llevó a derrotar a muchos pueblos de escasa organización, no dejaban de ser despreciados por los Tepanecas y los Culhuacanos; para liberarse eligieron a Huitziliztli como su líder, pero fueron derrotados por el Señor de Culhuacan y convertidos en sirvientes. Pero ellos sabían que desde Tula ya se habían convertido en legítimos herederos de Quetzalcoatl, el antiguo Señor de la sabiduría, de quien habían heredado su cultura y sus costumbres; sintiéndose por tanto, el pueblo elegido y por eso no descuidaron de perpetuar este linaje.
Así, toco su turno a Tenoch, quien había osado matar al brujo Copil y después enterrar su corazón bajo un nopal. La historia nos cuenta como corría el año Ce Tecpatl, 1 pedernal, equivalente a 1324 del calendario cristiano, cuando Tenoch consultó el oráculo de su gran Tonalpohuque llamado Cuauhtlequetzqui, quien le dijo: “Si ya por largo tiempo en Chapultepec hemos estado, tú irás a ver allá entre los tunales, entre las cañas, ahí donde tú fuiste a sembrar el corazón del hechicero Copil, como hubo de hacerse la ofrenda. Y tú, tú irás Tenochtli, irás a ver allá como ha germinado el tunal, el del corazón de Copil. Allí, encima de él, se ha erguido un águila, la verás destrozando, desgarrando una serpiente, la devora. Y el tunal, el tenochtli, serás tú, tú Tenochtli y el águila que verás seré yo, esa será nuestra fama, y en tanto duré el mundo, no acabará el renombre y la gloria de México Tenochtitlan”. (Memorial breve de Culhuacan). Tenochtitlan es entonces el lugar donde se asienta la fundación, la raíz de los mexicanos, surgida desde un corazón hechicero, de donde brotó en la tierra el nopal de Tenoch. El águila es Cuauhtli, icono del orgulloso animal que puede fundirse con el sol, quien puede verlo de frente y convertirse en él cuando logra alcanzar el cenit del cielo. Las serpientes representan ese cielo, las turquesas de las estrellas, de la sabiduría ancestral, de la memoria y la noche, del alimento de los sabios. Este es el símbolo que diferencia nuestra bandera de las demás, colores verde, blanco y rojo puede haber muchos; pero ese escudo es único, es la fuente del mito y la realidad de nuestra herencia, el corazón que nos une hasta hoy como mexicanos. Pero hay también una historia cósmica en este encuentro, no se trata solo de los pasos de los mexicas por el lago, tampoco de una visión suelta, constituye en sí, lo más profundo de la cosmogonía de nuestros abuelos. El centro del Cuauhxicalli es por eso un águila remontando el vuelo, se trata del mismo Sol cuando se instala en el centro del cielo. Con sus alas bien extendidas, es el rostro de Quetzalcoatl y la luz para Tlaltecuhtli y Tlalcihuatl, la dualidad que conforma los días en la Tierra. La serpientes turquesas, a cambio, cargan en su lomo las casas del cielo, encierran en sus cuentas la sabiduría que solo los tonalpohuques conocían, son las dueñas de la noche y el tiempo, en las serpientes se llevan los períodos celestes de Tezcatlipoca, el espejo de obsidiana que se refleja en la jícara estelar. Solo hay un momento que el sol y la serpiente pueden estar juntas, en los largos períodos del tiempo hay algunas oportunidades para verlos juntos, la causante de esta situación es Meztli, la luna. Pero sólo cuando Cuauhtli se encuentra en el ombligo de Meztli, existe la oportunidad de juntar el día con la noche, las dos serpientes turquesa, sucede solo por un momento, porque el mundo debe seguir existiendo y no podría hacerlo sin la luz del sol. Las antiguas historias aztecas- cuando aún vivían en Aztlan - contaban que Coyoxauhqui La luna, hermana de Hutzilopochtli el sol colibrí, se alió a los 400 Huitzinahuas las estrellas, para evitar que naciera. Pero este, con unas serpientes de fuego Xiuhcoatl, lanzó del cielo a Coyoxauhqui y la destrozó, borrando además las estrellas y permitiendo que el sol brillara en todo su esplendor. La madre de Huitzilopochtli fue Coatlicue la Tierra y nació en un cerro llamado Coatepetl, cerro de las serpientes (turquesa). Esta historia resulta muy cercana al sol emergiendo de un cerro desde la Tierra, para así borrar con sus rayos a la luna y las estrellas, con especial referencia a la noche más larga del año, el solsticio de invierno, cuando antes de emerger lanza un rayo verde y luego sale triunfante, pequeñito, bien hacia al sur, como un colibrí. Siempre recordaré una fría mañana en Malinalco, cuando desde el cerro, el maestro Arturo Meza nos mostró nacer al sol colibrí, con su rayo verde, con lo hermoso de esta cosmogonía atrás de la leyenda. Pero la primera historia parece referirse más bien a un eclipse, es la respuesta al acertijo de cuando el sol y las estrellas se encuentran al mismo tiempo en el cielo y solo sucede al momento del eclipse, cuando están juntos el sol en su personalidad de Cuauhtli y la luna en su arquetipo de Meztli, esto sólo sucede en México, es decir al momento que se encuentra en el “lugar del ombligo de la Luna”. Situemos ahora en el tiempo la profecía del Tonalpohuque Cuauhtlequetzqui: - La peregrinación señalaba como su final, la visión de un águila sobre un nopal devorando la serpiente y esto debía suceder en el año de fundación 1 Tecpatl – pedernal. Los años 1 Tecpatl – pedernal son el inicio de la Rueda calendárica del llamado Tonalpohualli. En un año así nació Huitzilopochtli, inició la peregrinación, fundaron Tenochtitlan y también erigieron el Cuauxicalli, llamado hoy Calendario Azteca. Los años 1 Tecpatl solo suceden cada 52 años, pero además, sólo en un año Ce Tecpatl, el segundo paso del sol por el centro del cielo, coincidía con el día Nahui Ollin (4 movimiento) de la semana del Jaguar, segunda del Tonalpohualii y regida por Tezcatlipoca. Al juntarse el día 4 Ollin con el Sol cenital, se forma el centro del Cuauhxicalli y la fecha coincidía en forma precisa para celebrar el día de fundación de México Tenochtitlan. - Al año siguiente al Ce Tecpatl (2 casa), el sol penetró al ombligo de la luna, esto daría lugar al brillo del nuevo sol, que había nacido en el 13 caña, es decir el anterior a 1- Tecpatl y que cierra la cuenta de los 52 años, entonces: Nació Ollin Tonahtiu – Sol de movimiento en 13 Caña, la ceremonia fue en Teotihuacan, el lugar más venerado de los mexicas. Se cierra la cuenta. En 1 – Tecpatl – Tenoch (nopal), materializa la visón del águila y la serpiente, cuando el Tonalpohuque lo envía a cumplir la profecía. Se abre la cuenta de Tenochtitlan. Al iniciar 2 Calli, un eclipse pasa por el centro de México, es decir, en el ombligo de la luna, duró 4 minutos y 50 segundos, Cuauhtlequetzqui comprobó así su visión, al cumplirse México. Todas las profecías se habían cumplido para hacer eterna la gloria de México Tenochtitlan. Así pasaron los siglos, hasta que una vez concluida la guerra de independencia llegó el momento de decidir por nuestra bandera, de aquella Tenochtitlan no quedaba nada, demolida hasta los cimientos, en su lugar se levantó la capital de la orgullosa Nueva España. A finales del siglo XVIII desenterraron el Cuuhxicalli, lo pegaron a la catedral cristiana para que no causara daños malignos, le llamaron “piedra de sacrificios”, pero hasta ahí llegaron nuevos y orgullosos mexicanos como Don Antonio Soto y Gama, para retomar la veta perdida de nuestro majestuoso origen, tan depreciado y vilipendiado por los llamados peninsulares. Con el nuevo siglo comenzaron las rebeliones, primero tomaron como estandarte a la Virgen de Guadalupe, por muchos años fue la guía de la rebelión y bien pudo ser el nuevo símbolo, pero al triunfar la independencia las sosas dieron un giro. Lo que comenzó en una iglesia de Dolores, concluyó con los generales Don Agustín de Iturbide y Don Vicente guerrero, ellos firmaron la paz y entraron a México Tenochtitlan, en sus pendones guerreros llevaban ya los tres colores que utilizaban los mexicas: verde, blanco y rojo, sería nuestra bandera y por eso se le llamó el ejercito trigarante. Verde – La naturaleza, el alimento, Tenoch. Blanco – Quetzalcoatl, la luz del cielo. Rojo – La sangre quemada, energía vital de los Tlachinolli. Don Agustín de Iturbide generó el primer golpe de Estado en el recién nacido México, él se auto nombró Emperador y le puso al águila una corona, en aquel entonces Cuauhtli lucía como en el centro del Cuauxicalli, con las alas abiertas transformándose en el sol. Juarez, a la caída del imperio francés, hizo un modelo más democrático del águila, porque la utilizaba pero ya sin en el escudo imperial. Durante años las logias mexicanas habían peleado por el símbolo de la bandera, la versión nacionalista (escocesa) la imaginaba como un águila mexicana con las alas abiertas, en tanto la otra (yorkina), quería conservarle la corona imperial hasta incluso ofrecerla a Maximiliano. El águila que ahora ilustra la bandera es más moderna, aparece ya en el siglo pasado, modera un poco la actitud abierta y la hace menos amenazante, de perfil, muestra el final de una larga rebeldía y la institucionalización de México, es elegante, estilizada y mesurada, con la arrogancia de las alas apenas visibles y unidas, mas de conciliación. En cuanto a la serpiente, pues allí estará siempre en cada uno de nosotros, se trata del libre albedrio, de Tezcatlipoca y su espejo de obsidiana, de la sabiduría de la noche, de la magia y de lo oculto, de lo no atrapado, de escoger por la osadía o por la timidez. Esos son nuestros símbolos: la luz y la oscuridad, ellos son Quetzalcoatl y Tezcatlipoca, quienes giran eternamente, a través de las noches y los días, viajando por los siglos de los siglos, para dar la gloria eterna a México Tenochtitlan, desde nuestra orgullosa bandera nacional. Saludos Casa del Mayab
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