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Por de José Ángel Álvarez Quiñones En un principio, las águilas acostumbraban vivir no más de 40 años… Pero un día, gozoso de gozar, airoso y armonioso, el espíritu del Dios del Viento, Ik, Ehécatl, al fin el mismo, jugaba el Juego del Caracol del Cielo, del Caracol del Universo, acompañado de algunas de sus Águilas preferidas. En ese día en especial, el Gran Dios Ik, contempló arrobado la gracia y el arrojo de esa su extraordinaria creación celestial y quiso jugar con ellas y junto a ellas. Subían hacia el infinito, plenos de Luz, en sus giros saludaban a los cuatro guardianes del universo, y luego, descendían como guadañas de vida luminosa,
Giro en el centro de la Rosa Sagrada, viento en el viento; el Padre Tonatiuh pincelaba tonalidades iridiscentes en el Dorado Intenso de su plumaje…
El reflejo de una en especial le deslumbró… sus giros, su elegancia trascendental, su Intención, entre todas aquellas impecables Intenciones… "Ella es Todo el Espíritu del Águila", se dijo. Y en sus giros, eran sólo Ella, el Gran Ik y TODO el Universo. A Ella en especial le dedicó el nombre de Cuauhtli.
13 y 20 años nahualeó el Gran Dios Ik convertido en Águila, en pleno Amor Celestial con Cuauhtli… Pero las Garras y el Pico de élla comenzaron a doblarse y a estorbarle la caza… Cuauhtli decaía, sus plumas le pesaban como escamas de bronce… su pico y sus garras ya no podían encajarse ni desgarrar… Estaba condenada a morir, de manera inevitable y lo enfrentaba Digna y Altiva, como había sido toda su vida. Sólo el Amor a Ik y a la Divinidad Madre-Padre la sostenía.
Ik subió hasta el propio tribunal de los Dioses, expuso humilde y convencido su Caso ante la Suprema Divinidad en pleno… Danzó, Cantó y Habló. No había ni el más leve asomo de soberbia, ni orgullo, ni egolatría, ni apego alguno, en la impecable expresión de su petición artística, como Dios y como heraldo mayor de todas las Águilas. Luminosidad que alimenta Luminosidad, así era el retablo de los Dioses Danzantes al Ritmo Sagrado del Dios del Viento, cuando tomaron el Sagrado Acuerdo del Renacimiento del Águila, a partir del Sufrimiento que se supera a sí mismo y se convierte en Luz de Armonía…
Así surgió la Danza Sagrada del Águila y la Orden de los Caballeros Águilas, de los Toltecas, de los Tlacuilos… de Ahí su estirpe y su linaje, así como el anhelo de su búsqueda… Ik regresó a las Altas Montañas y susurró en Secreto el Acuerdo a Cuauhtli, mientras hacían el Juego del Caracol… Cuauhtli se desprendió en el vuelo y se remontó a la cúspide de la montaña más alta. Se detuvo ahí, airosa y esbelta, plena en su Espíritu de Guerrera… contempló con Agradecimiento y Amor su amplia Visión del Todo frente a Ella… Graznó y graznó, reverenciando a los Dioses y arrancando con su pico sus plumas, una a una… luego, con gran dificultad, también una a una se fue arrancando las garras… el frío y el dolor… el olor de su sangre, manando en todo su cuerpo… la dulce debilidad que le hace un cántico celestial en su propio arrobamiento… y la puntual caricia del Viento, de Ik, a su lado, que la anima y la llena de Vida. Cuauhtil arremete su cabeza contra la muralla del Risco… una y otra vez golpea su pico, una y otra vez, hasta destrozarlo. El dolor se convierte en Sinfonía Sagrada dentro de su mente y, entonces, no hay dolor… Cuauhtli descubre que el dolor es sólo una ilusión.
Han pasado algunos meses, nada para el tiempo de los Dioses. Cuauhtli está volando de nuevo, renacida y Danza el Juego del Caracol del Cielo, del Caracol del Universo; está Viviendo 13:20 años más, en el Tiempo de los Dioses, Serena e Impecable. Viaja en el Lomo de Ik, el Viento, su compañero eterno.
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