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El universo holográfico
Actualizado (Lunes, 29 de Noviembre de 1999 18:00) Escrito por Gerardo Said Lunes, 18 de Mayo de 2009 16:41
http://www.artfutura.org/02/talbot.html
Hoy en dÃa casi todo el mundo ha oÃdo hablar de los hologramas, las imágenes tridimensionales proyectadas espacialmente con la ayuda de un láser. En la actualidad, dos de los pensadores más eminentes en el mundo -David Bohm, fÃsico de la Universidad de Londres, antiguo protegido de Einstein y uno de los fÃsicos cuánticos más respetados, asà como Karl Pribram, neurofisiólogo de Stanford y uno de los más influyentes arquitectos de la interpretación del cerebro- creen que el propio universo bien pudiera no ser otra cosa que un gigantesco holograma, una especie de imagen o estructura creada (al menos en parte) por la mente humana.
Curiosamente, Bohm y Pribram llegaron a semejante conclusión de modo independiente, a través del estudio de campos muy diferentes. Bohm se convenció de la naturaleza holográfica del universo tras muchos años de escepticismo frente a las teorÃas convencionales, incapaces de explicar numerosos fenómenos presentes en la fÃsica cuántica. Pribram se convenció a su vez ante la ineficacia de las formulaciones convencionales para resolver determinados enigmas neurofisiológicos.
Una vez llegados a tales conclusiones, Bohm, Pribram y otros investigadores adheridos a la misma idea advirtieron que el modelo holográfico servÃa para explicar gran número de fenómenos, entre los que se contaban la telepatÃa, la precognición, la psicokÃnesis (la capacidad de la mente para desplazar objetos sin valerse del contacto fÃsico), los sentimientos mÃsticos de comunión con el universo, la sincronicidad e, incluso, las experiencias chamánicas y preagónicas. De hecho, como subrayan sus defensores, el paradigma holográfico ayuda a explicar prácticamente todos los fenómenos mÃsticos y paranormales.
¿De qué forma llegaron Bohm y Pribram a tan inusual concepción del universo y qué tiene de extraordinario el modelo holográfico para explicar fenómenos tan sorprendentes y dispares?
Para responder a estas preguntas es preciso examinar brevemente los campos estudiados por Bohm y Pribram.
EL CEREBRO COMO HOLOGRAMA
Pribram concluyó que el universo es un holograma mientras trataba de solventar la cuestión de cómo y dónde se almacenan los recuerdos en el cerebro. A lo largo de varias décadas, numerosos estudios habÃan probado que los recuerdos no se hallan confinados en una región precisa sino que se encuentran diseminados por todo el cerebro. En una serie histórica de experimentos efectuados entre los años veinte y cuarenta de este siglo, el neurólogo Karl Lashley comprobó con sorpresa que la extirpación de sucesivas porciones de cerebro no impedÃa a una rata efectuar complejas tareas aprendidas antes de las distintas extracciones quirúrgicas.
Pribram, antiguo discÃpulo de Lashley, no encontró respuesta al enigma hasta la década de los sesenta, cuando la lectura de un artÃculo acerca de la sorprendente y novedosa ciencia holográfica le proporcionó la explicación que andaba buscando. Una breve disertación sobre la naturaleza de los hologramas nos ayudará a comprender mejor la reacción de Pribram. Como ya indicamos, un holograma es una imagen tridimensional confeccionada con la ayuda de un láser. Para obtener un holograma, el objeto a fotografiar es bañado por la luz de un rayo láser. A continuación se hace rebotar un segundo láser contra el reflejo luminoso del primero y el patrón de interferencia resultante (el área donde se cruzan ambos láseres) es capturado de modo fotográfico. Al ser revelada, la pelÃcula resultante muestra lo que parece un amasijo caótico de luces y lÃneas oscuras. Sin embargo, basta con iluminar la pelÃcula con un nuevo rayo láser para conseguir una imagen tridimensional del objeto original.
La tridimensionalidad de tales imágenes no constituye la única caracterÃstica sorprendente de los hologramas. Si partimos por la mitad el holograma de una rosa e iluminamos con un láser las dos mitades resultantes, cada mitad exhibirá la imagen completa de la rosa. Si subdividimos las dos mitades una y otra vez, cada uno de los fragmentos de pelÃcula fotográfica seguirá mostrando una versión completa aunque, eso sÃ, más pequeña, de la imagen original. A diferencia de las fotografÃas convencionales, en el caso de los hologramas cada parte posee la información presente en el todo.
Esta idea del ¨todo en cada parte¨ proporcionó a Pribram la explicación que habÃa buscado infructuosamente durante tanto tiempo. Los experimentos de Lashley habÃan demostrado que cada porción del cerebro parece contener la totalidad de los recuerdos presentes en el cerebro. Ello llevó a Pribram a concluir que el propio cerebro debÃa ser una especie de holograma.
¿Cómo se almacenarÃan los recuerdos en un cerebro de carácter holográfico?
Hoy en dÃa Pribram cree que los recuerdos no se agrupan en neuronas o pequeñas agrupaciones de neuronas, sino en estructuras de impulsos nerviosos que entrecruzan el cerebro de modo similar a como las estructuras laserianas entrecruzan un trozo de pelÃcula fotográfica que contenga una imagen de naturaleza holográfica.
El almacenamiento de la memoria no es el único enigma neurofisiológico que resulta más fácil de abordar mediante el modelo holográfico del cerebro propuesto por Pribram. Buena
muestra de ello lo constituye la forma en que el cerebro se las ingenia para traducir la avalancha de frecuencias recibidas a través de los sentidos (frecuencias luminosas, sonoras etc.) hasta transformarlas en familiares percepciones sensoriales. La codificación y decodificación de frecuencias es precisamente la especialidad del holograma. De hecho, los neurofisiólogos han descubierto que el cerebro emplea para el descifrado de las percepciones exactamente el mismo lenguaje matemático (conocido como "transformaciones de Fourier¨ ) utilizado en la elaboración de hologramas laserianos. Si tenemos en cuenta que la Madre Naturaleza dispone de incontables lenguajes matemáticos, ello resulta tan peculiar como lo serÃa descubrir a un grupo de esquimales que hablaran swahili.
¿Qué significa todo esto? Pribram considera que no sólo se trata de una prueba adicional acerca de la naturaleza holográfica del cerebro sino que de ello se deduce que el cerebro es, en realidad, una especie de lente, una máquina transformadora que convierte la cascada de frecuencias que recibimos a través de los sentidos en el familiar ámbito de nuestras percepciones internas. Dicho de otro modo, los quásars, las tazas de café y los robles no existen de modo objetivo. Se trata de hologramas creados en el interior de nuestras mentes, mientras que lo que denominamos "mundo exterior¨ no serÃa más que un océano fluyente y caleidoscópico de energÃa y vibración.
LA REALIDAD SUBATOMICA COMO HOLOGRAMA
El sendero que llevó a Bohm a concluir que el universo es un holograma se inició de manera más bien tangencial, al estudiar el ámbito de las partÃculas subatómicas. Poco después de haber sido establecidos sus principios maestros, la fÃsica cuántica (el estudio de las partÃculas subatómicas) se reveló capaz de efectuar una predicción de naturaleza sorprendente. Casi todos hemos oÃdo hablar en alguna ocasión de los casos en que dos hermanos gemelos comparten similares sensaciones por mucha distancia fÃsica que exista entre ambos. De modo curiosamente semejante, las formulaciones matemáticas de la fÃsica cuántica llevaron a predecir que cierto tipo de procesos subatómicos son capaces de originar partÃculas esencialmente "gemelas", esto es, partÃculas unidas de modo igualmente misterioso, de tal forma que una de ellas registrará siempre y de manera instantánea aquello que le suceda a su gemela con independencia de la distancia existente entre ambas.
Tal predicción, sin embargo, no encaja con la teorÃa de la relatividad formulada por Einstein. Según esta teorÃa, no existe señal o comunicación alguna capaz de trasladarse a mayor velocidad que la luz. Dado que superar la velocidad de la luz equivale a traspasar la barrera temporal, el propio Einstein se negó siempre a creer en la existencia de semejante conexión entre partÃculas.
Cuando la existencia de partÃculas gemelas fue formulada por primera vez, los fÃsicos no se hallaban en condiciones de comprobar empÃricamente tan sorprendente hipótesis. Como consecuencia, durante la mayor parte de este siglo, la mayorÃa de los investigadores se centraron en el estudio de las predicciones menos problemáticas de la fÃsica cuántica. Sin embargo en 1982, un equipo de investigación de la universidad de ParÃs liderado por el fÃsico Alain Aspect descubrió una forma de comprobar empÃricamente la hipótesis y demostrar fehacientemente que las partÃculas gemelas pueden registrar efectivamente de modo instantáneo cualquier fenómeno sucedido a su mitad.
Dado que la mayor parte de los fÃsicos se niegan a considerar como inválida la teorÃa einsteniana de la relatividad, muchos de ellos se esforzaron en explicar los descubrimientos de Aspect por medio de tortuosos razonamientos, en un intento de ignorar su verdadera trascendencia. Bohm, sin embargo, trató de seguir un camino diferente. Inspirado por las extrañas propiedades del holograma, consiguió formular un modo de explicar los hallazgos de Aspect sin abandonar el veto impuesto por la teorÃa de la relatividad a la posibilidad de una comunicación más rápida que la luz.
Bohm prescinde de misteriosas señales de comunicación y sostiene que las partÃculas subatómicas pueden registrar de modo instantáneo lo sucedido a sus semejantes con el argumento de que la supuesta lejanÃa entre ellas no es más que una ilusión. Su hipótesis afirma que, en algún plano más profundo de la realidad, dichas partÃculas no constituyen entidades diferenciadas sino que son una extensión del mismo todo fundamental.
Bohm nos ofrece un ejemplo para visualizar mejor su teorÃa. Imaginemos un acuario en cuyo interior nada un pez. Imaginemos asimismo que uno es incapaz de observar el acuario de modo directo y que el único conocimiento de él y su contenido proviene de dos cámaras de televisión, una enfocada a la parte frontal del acuario y otra enfocada a su lado. Al contemplar sus dos respectivos monitores de televisión uno podrÃa creer que el pez representado en las pantallas constituye dos entidades diferenciadas. El engaño provendrÃa del distinto ángulo de las cámaras, susceptible de proporcionar dos imágenes diferentes. Sin embargo, la contemplación más prolongada de los peces nos revelará la existencia de cierta relación entre ambos. Cuando uno de ellos se gire, su compañero efectuará un giro simultáneo aunque ligeramente distinto; cuando uno se sitúe frontalmente, el otro siempre aparecerá ladeado. Si uno no acaba de comprender la naturaleza real de la situación, podrÃa acabar concluyendo que los dos peces mantienen algún tipo de comunicación instantánea, circunstancia que, evidentemente, no hace al caso. Según Bohm, ello es precisamente lo que sucede entre las partÃculas subatómicas según el experimento de Aspect.
En términos holográficos, del mismo modo que cada parte del holograma contiene la información relativa al todo, cada miembro de una pareja de partÃculas gemelas contiene la información relativa a la pareja completa. De acuerdo con Bohm, la aparente conexión más rápida que la luz existente entre partÃculas subatómicas no es otra cosa que la expresión de un nivel más profundo de la realidad todavÃa desconocido para nosotros, un nivel holográfico análogo al ejemplificado en el caso del acuario. El hecho de que veamos las partÃculas subatómicas como entes diferenciados se explica porque no nos apercibimos de la proverbial porción de cósmica pelÃcula holográfica en que se hallan inscritas. Tan sólo vemos la trémula imagen ilusoria proyectada por la pelÃcula.
EL COSMOS COMO HOLOGRAMA
Considerados al unÃsono, los descubrimientos paralelos de Bohm y Pribram -que nuestro cerebro parece estar programado para descifrar estructuras holográficas y que la propia textura de la realidad está estructurada de modo holográfico- parecen algo más que una sorprendente coincidencia y llevan a pensar que el universo entero acaso no sea más que una especie de holograma gigantesco. Ello no quiere decir que esté formado por rayos láser, sino que posee las propiedades de un holograma. Tal proposición ha sido recibida con escepticismo por numerosos cientÃficos pero asimismo ha galvanizado a muchos otros, entre los que comienza a cundir la sospecha de que quizá se trate del modelo de realidad más aproximado al que la ciencia ha llegado hasta la fecha.
Como ya mencionamos, una razón para tomar la hipótesis holográfica en serio estriba en que ofrece una explicación que resuelve la práctica totalidad de los fenómenos parapsicológicos. En un universo en el que los cerebros individuales constituirÃan partes indivisibles de un mismo holograma primordial y en el que todo se hallarÃa conectado de manera holográfica, la telepatÃa podrÃa ser, simplemente, la puerta de acceso al nivel holográfico. Dicho con otras palabras, en un universo que es un holograma, nuestro cerebro, y de hecho cada neurona y cada átomo de nuestro cerebro, de algún modo contiene el universo entero, al mismo tiempo que todos formamos parte de una mente global. La frase del poeta William Blake relativa a que el universo puede ser descubierto en un simple grano de arena se convertirÃa en una verdad literal. Por consiguiente, la capacidad de un cerebro de acceder a la información de otro cerebro no serÃa ya un problema, puesto que cada cerebro contendrÃa ya la totalidad de los restantes cerebros.
Bohm y Pribram asimismo han apuntado que numerosas experiencias religiosas y/o mÃsticas tales como los sentimientos de comunión trascendental con el universo pueden tener su origen en el acceso al ámbito holográfico. Como estos dos cientÃficos subrayan, las descripciones de los grandes mÃsticos relativas a experimentar una sensación de unidad cósmica con el todo pueden deberse a que estos mÃsticos lograron irrumpir en aquéllas regiones de su mente en las que todo posee efectivamente una cósmica unidad.
Michael Talbot nació en Grand Rapids, Michigan, en 1953. Publicó siete libros: Mysticism and the New Physics, Beyond the Quantum, Your Past Lives: A Reincarnation Handbook, The Holographic Universe, The Delicate Dependency, The Bog, Night Things.
Asimismo publicó artÃculos en New York Times Book Review, the Village Voice, Ellery Queen's Mystery Magazine, y en la revista Omni. Falleció en 1992.
Texto originalmente publicado en el catálogo de ArtFutura 1992.
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