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'Distribuído por RedLuz www.elistas.net/lista/redluz' Por Ben Fuchs Desde que empecé a hablar y escribir acerca de la psicología de la traición y la venganza, he recibido reacciones de la gente que varían entre el agradecimiento y la hostilidad. Estos temas parecen tocar una fibra sensible en muchas personas. Lo que encuentro interesante es que las reacciones fuertes han sido más frecuentes en personas que tienen altos ideales para ellas mismas, para sus organizaciones, y para el mundo. Si bien no estoy en contra de los ideales altos, a menudo veo una brecha entre estos ideales y la realidad (entre el ser ideal y el ser real). Si observo esta incongruencia en mí mismo, puede llevarme fácilmente a la autocrítica, y señalarla a los otros, rara vez es apreciado. Sin embargo, creo que dentro de esta brecha están exactamente las cuestiones y sentimientos que necesitamos trabajar para desarrollarnos.
En este artículo voy a tratar dos de estas cuestiones -la traición y la venganza- que operan frecuentemente por debajo de la percepción consciente, dando lugar a insatisfacciones y conflictos en las relaciones y en las organizaciones. También voy a encarar el perdón y sus connotaciones en la sanación individual y colectiva. Traición
La traición sucede en un contexto de confianza. Donde ha existido una traición, ha existido la confianza, porque de otro modo no habría nada que traicionar. Los dos conceptos se dan significado mutuamente. Es en nuestras relaciones más cercanas que podemos sentirnos más traicionados; cuando hemos confiado y nuestra confianza ha sido destruida. Esto sucede con la mayor frecuencia en el contexto de matrimonios y familias, pero también podemos sentirnos traicionados por nuestros colegas, organizaciones, religiones, o por la vida en general. Nacemos con una confianza básica, pura, porque todavía no hemos tenido experiencias que nos enseñan a no confiar. Esto es lo que el analista Junguiano James Hillman llamaría confianza primitiva. Cuando mi hija tenía dos años, solía subir las escaleras, diciendo, "Papi, ¡agárrame!", y luego saltaba. No decía, "¿Estás seguro de que me vas a agarrar?". A veces yo tenía que ser muy rápido, porque ella simplemente saltaba, sin considerar la posibilidad de que yo no la agarraría. Ahora tiene ocho años y ya no salta tan libremente. Ahora percibe la posibilidad de caer. Lo que sucede con esta confianza primitiva es que a todos nos decepcionan. Metafóricamente, saltamos un día y descubrimos que no nos agarran, y terminamos cayendo, lastimándonos y sentimos esto como una traición. Nos sentimos decepcionados por nuestros padres, maestros, amigos, cónyuges, quienes por la razón que sea, nos hieren o son incapaces de satisfacer nuestras necesidades.
A menudo iniciamos una nueva relación, o situación de trabajo con nuestras esperanzas y sueños más grandes (quizás no expresados ni siquiera a nosotros mismos) acerca de cómo podría ser. Estos "grandes sueños" pueden representar nuestros valores e ideales, como también nuestras metas, aspiraciones y anhelos. Nuestros grandes sueños pueden ser muy poderosos, inspirarnos una visión de cómo podría ser la vida, darnos un objetivo por el que vale la pena luchar. También pueden retenernos en situaciones dolorosas en las que nos negamos a renunciar a una relación o a una organización, creyendo que va a cambiar a pesar de que todas las evidencias indican lo contrario. A menudo nos sentimos traicionados y decepcionados cuando nuestras esperanzas y sueños no se cumplen, aun cuando no siempre estemos conscientes de esto. Las desilusiones de nuestros sueños caídos a menudo acechan en el fondo, dando lugar a los conflictos más obvios en nuestras relaciones y organizaciones. Podemos sentirnos traicionados por maestros, líderes religiosos, terapeutas, gobiernos, médicos, hasta por Dios, en el grado en que depositamos nuestra confianza en ellos. Cuanto más íntima o importante sea una relación, más intensa es la posibilidad de sentirnos traicionados. Una organización o comunidad también puede sentirse traicionada por sus dirigentes. Recientemente la prensa se ha ocupado de un gurú que predicaba a favor del celibato y luego tenía relaciones con varios de sus discípulos. La comunidad entera se sintió traicionada. Después, nos damos cuenta de lo ingenuos que fuimos al confiar. Parecería que nos exponemos a la experiencia de la traición y aún así respondemos con sorpresa e indignación cuando nos sucede. ¿Por qué depositamos nuestra confianza en un lugar equivocado? Desde una perspectiva arquetípica, el mito del Jardín del Paraíso puede decirnos algo acerca de la traición hoy en nuestras vidas. El Paraíso representa ese lugar en donde todo es seguro y perfecto – la Tierra Prometida. Es ese lugar de confianza primitiva, donde una niña salta, sin imaginar que Mami/Papi (Dios) podría no agarrarla. En el Jardín, el concepto de confianza no tiene sentido, porque sin la posibilidad de traición, no hay necesidad de confianza. La caída del Paraíso puede considerarse análoga con la noción de traición. Una vez que tenemos la vivencia de traición, se destruye la confianza primitiva y dejamos el Jardín. La traición nos despierta dolorosamente de nuestra ingenuidad, y nos enseña el mundo tal como es; no totalmente confiable. No es algo que arbitraria e injustamente simplemente nos sucede. Es un paso inevitable y potencialmente valioso en nuestro desarrollo psicológico. ¿Qué nos sucede en el aspecto emocional cuando nos sentimos traicionados? Después de comer de ese árbol del conocimiento nos sentimos vulnerables y expuestos, dándonos cuenta de nuestra "desnudez" y de nuestra fragilidad humana. La traición nos deja sintiéndonos indefensos, lo que puede dañar nuestra autoestima y causar sentimientos de humillación y vergüenza. Estos sentimientos pueden tornarse insoportables y podemos buscar una forma de recuperar nuestro poder y sentido de dignidad. Podemos sentir como si nos hubiesen quitado una parte de nuestro ser, una parte de nuestra integridad. Empezamos a hacer elecciones (a menudo de manera inconsciente) sobre la manera de hacer frente a las traiciones de la vida. Desarrollamos estrategias – patrones de pensamiento y de conducta que nos ayuden a lidiar con las experiencias dolorosas. Nuestras respuestas ante la traición son, en cierta medida, intentos para sentirnos más potentes nuevamente, para sentirnos más enteros. A menudo me he preguntado por qué algunas personas parecen estar lastimadas por penurias y abusos del pasado, mientras otras parecen no solamente dejar atrás sus experiencias dolorosas sino también desarrollar fuerza interior y sabiduría a causa de estas experiencias. Esta pregunta nos lleva al centro del proceso de sanación tanto para los individuos como para las organizaciones. Creo que la manera en que respondemos a nuestras traiciones determina nuestros patrones de vida, más aún que las traiciones reales en sí mismas. No podemos cambiar nuestras experiencias pasadas. Pero podemos cambiar lo que hacemos con esas experiencias. Las elecciones que hacemos nos pueden guiar hacia la integración, la sanación y el cambio creativo, o pueden mantenernos atrapados, repitiendo experiencias dolorosas. Veo que las elecciones que esto implica son una parte integral de nuestra experiencia de vida – un viaje del alma que cada uno de nosotros encara a su manera. Veamos dos respuestas esencialmente diferentes ante la traición; una que llamo "venganza" y la otra, "perdón". Cada una de ellas tiene una definición de poder totalmente diferente. Dentro de su propio paradigma, cada sistema de poder tiene perfecto sentido. El paradigma de la venganza es mucho más común, pero a fin de cuentas nos mantiene en el dolor. El paradigma del perdón nos permite la sanación. En el número de junio la segunda parte, "Venganza".
| Ben Fuchs es un consultor del Reino Unido que ha estado largo tiempo asociado con IIFAC. Ben tiene más de 20 años de experiencia trabajando en el ámbito internacional con organizaciones y sus dirigentes. Trabaja como consultor, coach en liderazgo, capacitador y facilitador máster, con organizaciones empresarias y gubernamentales. Se le puede escribir a ben[@]iifac.org. |  | IIFAC © www.iifac.org
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