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La increíble historia del pequeño buda de Nepal PDF Imprimir E-mail
Sábado, 26 de Abril de 2008 11:07



     En la plaza Durbar de Katmandú, en las escalinatas de cuyos templos los hippies soleaban hasta no hace mucho su estupor y donde Bertolucci filmó algunas de las más memorables escenas de El pequeño buda, se piensa ahora que aquella fue una película premonitoria. En efecto, en las junglas del sur del país, al otro lado de la cordillera, se agranda la figura de un adolescente que, para muchos, ya es El pequeño buda de Nepal.

Espoleado por la curiosidad, he viajado hasta allí para comprobar con mis propios ojos si estamos ante un auténtico fenómeno místico o si, por el contrario, se trata de otro de los frecuentes fraudes con que supuestos ascetas y gurús orientales suelen engañar a los más crédulos. Pero que nadie crea que ha sido tarea fácil; trasladarse de Katmandú a Ratanpuri, la comarca a orillas del río Bagmati donde se sitúa la acción, requiere los servicios de un buen guía que conozca el terreno y muchas horas de traqueteo por infernales pistas de montaña que bordean abismos de infarto.

Todo empezó el 23 de mayo del año pasado cuando Ram, el tercer hijo de una familia de nueve hermanos, decidió en un arrebato de juvenil ardor espiritual sentarse como Buda bajo un árbol hasta lograr la iluminación. Escapó de casa una noche oscura y se dirigió al árbol que había elegido previamente en la espesura, no uno cualquiera, sino un espléndido baniano o Ficus religiosa, de tronco nervudo y base piramidal, idéntico al que cobijó las meditaciones de Buda. Se sentó en la postura del loto y desde entonces no ha ingerido bocado y sólo ha hablado en contadas ocasiones. O eso es, al menos, lo que dicen las personas de su entorno. Los devotos y curiosos acuden a verle en masa, muchos dejan donativos, el lugar vive una explosión económica y ya hay una organización que lo controla todo, pero a nadie parece preocuparle el hecho de que un adolescente esté bordeando límites desconocidos de la resistencia humana y poniendo en riesgo su propia vida por realizar una cuestionable y arriesgada hazaña espiritual.
Para mayor enredo, la madre del pequeño lama se llama como la de Gautama Buda, Maya Devi, y algunos ya quieren ver aquí un signo insoslayable de que el destino está jugando sus cartas. A la buena mujer, una campesina que ha traído al mundo nueve hijos, le dio un desmayo cuando se enteró de que su tercer varón, el joven Ram, había escapado al bosque durante la noche y pensaba pasarse seis años meditando bajo un árbol. Le rogó que volviera a casa y la seca respuesta de su hijo fue: “Si no dejáis de molestarme, me quedaré veinte años, en lugar de seis.”


Ocho meses más tarde, el chico sigue vivo. De eso no cabe ninguna duda porque el pelo y las uñas le siguen creciendo; además, ha dado otras señales de vida. Su primo Prem Lama, un año mayor que él, que le cuida desde el primer momento sin apartarse de su lado, me cuenta que el séptimo día, harto de que la gente acudiera a molestarle, a tocarle e incluso a pellizcarle, se levantó y se perdió en la espesura para regresar al día siguiente. En esta ocasión eligió para sentarse un árbol aún más espectacular, comparable a un altar barroco, y trazó un amplio círculo alrededor, lo que fue interpretado de inmediato como una señal de que no quería que nadie se le acercara. El cambio de árbol pudo, o no, haber sido inocente, pero lo cierto es que el nuevo emplazamiento le ha situado en un lugar mucho más visible e impresionante desde la distancia. Setenta y cinco días más tarde, el buda (así se le conoce por aquí) accedió a mudarse de ropa e intercambió por primera vez unas breves palabras con su primo. No volvió a romper el silencio ni a dar señales de vida hasta pasados cuatro meses, en esta ocasión para decir que había sufrido dos picaduras de serpiente, que consideró simples “pruebas”, y que quería que se celebrara allí un gran festival religioso.

En este punto, las gentes del pueblo, desbordadas por el flujo de visitantes y ante la perspectiva de un festival que podía atraer a decenas de miles de devotos, decidieron organizarse y tomar cartas en el asunto. Se nombró una comisión de dieciocho miembros presidida por un agricultor local, Bed Badhur, y se comenzaron a tomar medidas: los coches no podrían acercarse al lugar donde se hallaba el buda, quienes quisieran adentrarse en el bosque para verle meditar deberían hacerlo descalzos y siguiendo un orden. Se vallaron los accesos, se limpió la maleza, se cercó con alambrada el círculo protector que había trazado el propio lama, de unos veinticinco metros de radio, se levantó otra cerca paralela, varios metros más atrás, que nadie podría traspasar y se adornó todo el lugar con banderitas de colores. Los devotos y curiosos accederían de cinco en cinco, por supuesto, descalzos, y dispondrían de sólo veinte segundos para contemplar al pequeño buda. Un monje local, Sanu Kancha Lama, pasó a coordinar los aspectos espirituales con el lamasterio de Lumini, ciudad natal de Buda y distante unos doscientos cincuenta kilómetros, que, a su vez, nombró una comisión de once monjes para velar y supervisar el desarrollo de los acontecimientos, con lo cual, en la práctica, el clero budista se ha hecho cargo del asunto. No así el gobierno, que nunca quiso saber nada. Cuando la “comisión” le escribió solicitando ayuda y reconocimiento oficial, no obtuvo respuesta. Llegaron a sugerir en su carta que la Royal Academy of Sciences de Nepal investigara el fenómeno y emitiera un informe, siempre y cuando las pruebas se hicieran sin tocar al buda, pero nada, nadie se ha tomado la molestia de contestar hasta ahora. Así que todo ha quedado en manos del los lamas que enviaron al médico del monasterio para certificar a voleo que el chico está bien y que nos hallamos ante un auténtico fenómeno espiritual de dimensiones incalculables. Al fin y al cabo, el propio Buda estuvo menos tiempo en contemplación y con menos austeridades.
Hay que caminar varios kilómetros a la sombra de añosos árboles, antes de llegar a un arco rojo que invita a adentrarse en la espesura, pero esta vez sin zapatos; así que no hay más remedio que dejar el calzado a su suerte en un corralito a la entrada y mezclarse con los devotos que avanzan emocionados y en silencio. El camino acordonado obliga a atravesar un árbol hueco, que sería fácilmente salvable, pero, al parecer, el pequeño buda lo cruzó el día que se adentró en el bosque y se considera muy auspicioso hacerlo así. Al pie del árbol aparece la primera urna para depositar donativos. Al final, el sendero se detiene ante una portilla. A partir de ese punto, sólo se deja pasar con cuenta gotas a pequeños grupos que no pueden permanecer más de veinte segundos ante la figura que medita impasible unos treinta metros más allá. Es el momento de las lágrimas y la emoción.

Por un gesto especial del lama Sanu Kancha, y tras vencer no pocas reticencias, se me permitió atravesar todas las portillas y acercarme con mi cámara hasta una distancia de unos tres o cuatro metros del buda, algo verdaderamente insólito que nadie recuerda haber visto desde los primeros días. El raro privilegió, que agradecí, me permitió ver las cosas muy de cerca. En honor a la verdad he de decir que, más que impresionarme, la visión del chico cobijado en la oquedad de aquel magnífico árbol me sobrecogió. Recostado exánime sobre el tronco, lejos de esa imagen de firmeza, centramiento y serenidad que suele transmitir la postura meditativa, el muchacho parece un cadáver andrajoso, un muñeco abandonado, sucio y gris. El pelo le cubre ya media cara, tapándole los ojos; las manos reposan fláccidamente sobre su regazo y, de no ser por el magnífico tronco que le sujeta, creo que su cuerpo hace tiempo que habría rodado por el suelo. Nadie diría, al verle, que está dormido o meditando, tal es el grado de laxitud de sus músculos, sino más bien hibernado.

En la espiritualidad budista que se desarrolló alrededor de los himalayas no es infrecuente que un renunciante se retire a una cueva aislada a meditar, desnudo y prácticamente sin comida, hasta que, mucho tiempo más tarde, alguien le recoge y le atiende durante su recuperación. Lo normal es que, después de esta dura prueba, que jamás trasciende más allá de unos estrechos límites, el asceta se consagre al monacato en algún lamasterio. Pero en Oriente hay que andarse siempre con pies de plomo porque la leyenda ronda la historia y nunca se sabe bien donde acaba la una y empieza la otra.

De ser cierto lo que relatan los grandes meditadores budistas e hindúes, llega un momento en que la conciencia desborda los límites del cuerpo y se extiende por todo hasta hacerse infinita. El meditador vive entonces ajeno al mundo, nada le afecta, no siente el calor ni el frío ni el hambre ni el tiempo. Bien al contrario, se encuentra en un estado de bienestar y conocimiento inefables que no desea abandonar. Visto desde el lado terrenal, su cuerpo puede parecer una miseria, pero en su interior sólo habita la dicha. Cuando vuelve a la vida es un ser iluminado, a quien nada afecta. Pero más allá de estos inspirados relatos épicos, en la práctica no se tiene noticia ni registro alguno que pueda verificar tales afirmaciones. Ni siquiera creo que la ciencia disponga de instrumentos para hacerlo, más allá de medir la frecuencia de las ondas cerebrales o las constantes vitales.

 


   Quizá por eso, la increíble hazaña del pequeño buda plantea un apasionante reto a los científicos y a los racionalistas. No se trata ya sólo de saber si una persona puede vivir tanto tiempo sin comer o beber. En condiciones normales, ya sabemos que no, pero ¿dónde están los límites de la resistencia humana? ¿Y si los efectos de la meditación profunda pudieran llevar el cerebro a un estado de suspensión de toda actividad, reduciendo al mínimo el consumo de energía, como ocurre con algunos animales durante la hibernación? La idea me vino mientras escribía este reportaje. Alguien me llamó al teléfono, la conversación se prolongó y cuando regresé a mi trabajo el ordenador había suspendido sus funciones, entrando en hibernación. ¿Quién dice que, en determinadas circunstancias, el cuerpo no sea capaz de suspenderse hasta nueva orden? Las leyes físicas son bien conocidas, pero no así las mentales que tienen tanta influencia sobre el cuerpo. ¿No se dice a menudo que la fe obra milagros? Si los católicos aceptan con naturalidad que la virgen se aparezca a pastores semianalfabetos para transmitir importantes mensajes al mundo, ¿por qué no aceptar que la mente de un asceta, llevada a extremos inexplorados, pueda producir fenómenos inusuales como permitir que un cuerpo siga vivo y sano en ausencia de alimentos y agua?

No estoy afirmando que tal sea el caso, de hecho yo mismo albergo las mismas dudas racionales que cualquiera: si se comparan las primeras fotografías con las actuales, su cuerpo no presenta muestras de delgadez o deterioro, teniendo un aspecto que podría considerarse saludable y que sugiere que está siendo mínimamente alimentado; su exhibicionismo ascético también despierta dudas y recelos, pero atribuir a un adolescente solitario que no conoce otro mundo que la aldea y el lamasterio un fraude de estas dimensiones me parece la más irracional de todas las hipótesis. Es posible que el chico se haya dejado llevar por un idealismo patológico, y hasta, si me apuran, por un secreto afán de protagonismo, ya que toda hazaña gratuita busca siempre la admiración y el reconocimiento, pero también es posible que la determinación de su intento le haya llevado a regiones inexploradas de la mente.

He meditado mucho y he ayunado bastante. Puedo asegurar que cuando se pasan tantas horas sentado inmóvil en la posición del loto no es fácil recuperar el movimiento de las piernas, de la misma manera que cuando se ayuna varios días seguidos el hambre desparece por completo y la capacidad digestiva se reduce de tal manera que, aunque se quisiera, no se podría ingerir sino líquidos o papillas. ¿Qué iba a impulsar a un joven, casi un niño, a quien los asuntos terrenales no parecen interesarle, a ser un asceta integral durante el día y un fraude por la noche? El no urdió un plan para ganar dinero, sino que hizo una apuesta, quizá extremada e insensata, por trascender espiritualmente. Nadie puede pasarse ocho meses inmóvil y semidesnudo en la selva para engañar a la gente. Aunque así fuera, el sacrificio sería muy meritorio.

Al anochecer, el joven lama que cuida al buda me alcanzó con su bicicleta y se sentó a cenar conmigo al borde del camino. Me contó que Dorje (el nuevo nombre espiritual que el chico recibió en la India) se había sentido desde niño muy atraído por la vida espiritual, lo que le llevó a peregrinar a Lumini con sólo catorce años y, mas tarde, a visitar el gran monasterio budista de Dehradun, en la India, donde pasó un año y se consagró como lama. A su regreso, le confió un día que planeaba pasarse seis años meditando como Buda en el bosque. Poco después, una noche desapareció de casa y ya nada se supo de él hasta que su hermano mayor lo encontró meditando bajo un árbol. Al parecer, la madre y la familia, que al principio se mostraban muy preocupados, ahora se sienten orgullosos del protagonismo adquirido por el muchacho. Como lo están, por otra parte, todos los comerciantes de la comarca que nunca tuvieron mejor negocio. El director del Hotel Avocado, el más próximo al lugar, a unos sesenta kilómetros de distancia, asegura que cada noche tiene, como mínimo, diez clientes venidos exclusivamente a ver el fenómeno, mientras el representante de Viajes Catai en Katmandú, Vista Travel, ya propone el Living Bhuda Tour, que incluye una meditación junto al ascético buda.

Lo cierto es que en Nepal y en el mundo budista nadie duda de que se trata de un nuevo iluminado. Hay unos pocos que recuerdan recelosamente los múltiples fraudes cometidos por supuestos gurús y santones, desde la “materialización” de relojes y otros objetos del desacreditado Satya Sai Baba hasta los destellos de luz divina que emitía un tal Tilak Fernando en Nueva York, a cien dólares el chispazo. Pero no parece el caso de este lama que no busca otra cosa que la iluminación. Entre los reticentes se encuentran también aquellos que querrían tener evidencias científicas que explicaran el fenómeno. Va a ser difícil, porque la organización que lo controla todo en su entorno no permite que nadie se le acerque ni le toque. Sin saber cómo ni por qué, estas dieciocho personas parecen haberse adueñado del chico y de la selva: impiden el paso de vehículos, han vallado y limpiado una franja considerable de bosque público, obligan a descalzarse a todo el mundo…y controlan los numerosos donativos que ya están llegando de todas partes.
 
Preguntado por este punto, el presidente de la organización (nada gubernamental, por cierto), por toda explicación me muestra un papel, no mayor que un billete de metro, con las cuentas de los últimos cuatro meses escritas en nepalí:
 
Entradas: 801.519 rupias.
Salidas: 372.790 rupias
Total: 428.720 rupias (unos 6.000 dólares).

Cada día que pasa, el mito crece.
En una cultura que ha dado al mundo los Upanishads, el Ramayana o el Bhagavad Guita, los milagros son cosa cotidiana, algo que tiene que ver con otras dimensiones de la conciencia y supera de largo las limitaciones de lo conocido. Por eso me malicio que el interés de los científicos por este caso terminará más centrado en ver de aprender alguna cosa que en tratar de explicar lo inexplicable. Al fin y al cabo, ya se sabe que a las gentes de fe lo que les gusta es el misterio, y no que se lo destripen.
 
Aunque no era la intención de la participación enfocarse en el hecho del ayuno polongado, sino en la idea mesiánica de Ram, para la pregunta del artículo anterior que dice cuál serán los límites para los humanos? encontré el caso de dos personas

Prahlad Jani de unos 66 años sin comer ni tomar agua
http://www.elmundo.es/cronica/2003/425/1070980183.html
y
Mataji también con más de 7 años de completo ayuno
http://buddhadharma.com/Mataji.html
 
 
Encuentro con el Gurú que ni come ni bebe... ... ¿Y MIENTE?
La periodista viaja a Gujarat para hablar con el santón que dice no probar alimento desde los 11 años. Los médicos, tras examinarlo durante 10 días, destacan que lo más sorprendente es que no ha orinado. Otros no lo creen
ALEXIA TORRES. Ahmedabad (India)
 

Los habitantes de Ahmedabad, la capital de Gujarat, están de suerte. Prahlad Jani, o Matajee, para sus fieles, dejó por unos días la cueva donde vive, en un lugar remoto de la región, y se encuentra en la ciudad. Hoy ha bendecido a miles de personas que han venido a verle. Algunos le traían a un hijo para que lo sanara, otros sólo querían ser tocados por el hombre santo.A nosotros nos recibe por la noche en la residencia de su amigo V. Chaudhari, quien dice haber sido compañero de juegos de infancia del místico. Nuestro hombre aparece en escena con una velocidad y soltura increíbles para la edad que dice tener, 76 años. A un metro de distancia, viendo las profundas arrugas en su frente y su barba blanca, ya se percibe que es un hombre mayor, pero en forma. Al principio, Matajee no habla. Está sentado en una mecedora con las piernas cruzadas y la mirada perdida. Sólo reacciona para jugar con el niño pequeño de la casa, al que coge en brazos.Menos sus pulseras, pendientes y aro en la nariz, que son de oro, todo en él es rojo: su sari de seda, su collar de piedras preciosas, su tika o marca roja en la frente que indica su devoción religiosa, sus calcetines y zapatillas, el pintauñas que decora sus manos A simple vista llaman la atención dos cosas, el que vista un traje de mujer, imitando a la diosa que venera, y que sus ropas sean tan nuevas y espléndidas. Llega el traductor de gujarati y nos trasladamos a un dormitorio. Parece que corre en vez de caminar, tiene una agilidad extraordinaria. Se sienta en la cama y comienza la entrevista. No es la primera vez. Su historia ya viene precedida por la atención de publicaciones que, como Time, se han hecho eco de sus sorprendentes hazañas místicas.


PREGUNTA.- Usted dice que hace muchos años que no come ni bebe.¿Por qué dejó de hacerlo?

RESPUESTA.- A los 11 años vi la figura de la diosa [se refiere a Durga, también llamada Matajee]. Me tocó la lengua [se toca la lengua con los dos dedos] y desde ese día no necesito comer ni beber.

P.- Una persona que no coma ni beba durante mucho tiempo, se muere. ¿Usted por qué sigue viviendo sin ingerir ningún alimento?

R.- La diosa me tocó la lengua. La energía me llega por aquí [se toca la cabeza].

La prueba comenzó el 12 de noviembre. Los médicos que le recluyeron durante 10 días en el Hospital Sterling bajo estricta vigilancia y control médico explican que aguantó sin comer y beber durante ese tiempo. Este hecho no les causa ninguna impresión. En India es común el ayuno prolongado entre los ermitaños o gurús. Lo que más les impresiona es que no haya orinado. «Se puede aguantar sin ingerir líquidos o sólidos, pero si una persona no expulsa orina durante tres días o más, sus riñones enferman», apunta el doctor Urman Dhruv, dietista y secretario de la Asociación de Médicos de Ahmadabad, un colectivo que actuó de testigo y parte en este experimento científico.

El doctor Dhruv explica que hallaron formación de orina, y que parece que fue absorbida por las paredes de su vejiga. «No encontramos ninguna explicación científica a este hecho, invitamos a especialistas de todo el mundo a que aporten su conocimiento», resalta el doctor Shah en su despacho del Hospital Sterling.

También encontraron pequeños restos de heces en su intestino grueso, pero, según ellos, pudo ser formada por las secreciones del aparato digestivo. Esto, que también es anormal desde el punto de vista médico, no les conduce a constatar que el gurú lleve décadas sin comer. «No apoyamos la teoría de que este hombre haya pasado 60 años sin comer ni beber. La única certeza que presentamos es el resultado de estos 10 días, y no encontramos explicación científica a cómo funciona su metabolismo».

Los doctores nos enseñan la habitación en donde lo recluyeron durante una semana, que fue extendida a 10 días por el buen estado físico y psíquico del paciente. Según explican, sellaron el cuarto de baño y le pidieron que no se duchara ni lavara para poder comprobar que no ingería ni expulsaba líquidos. Él accedió, sólo pidió un vaso de agua con el que enjuagarse la boca cada día.La cantidad de líquido se medía antes y después de la operación para estar seguros de que no se tragaba ni una gota.

Parece que al salir Matajee sólo había perdido un poco de peso, pero su buen estado de salud era digno de mención. A los siete días de encierro, después de hacerle los correspondientes análisis de sangre y pruebas rutinarias, le obligaron a subir seis pisos de escaleras para comprobar su forma física. Al llegar al último, le midieron las pulsaciones. Contaron sólo 55, una marca reservada a los mejores atletas, impensable para un señor de 76 años que ha pasado una semana de ayuno. Los médicos llegaron con 100 pulsaciones.

Un laboratorio de Nueva Delhi llamado DIPAS, y su director, el profesor Selwamurthy, están examinando ahora todas estas pruebas médicas y preparando un trabajo de investigación sobre Matajee.El estudio está en estos momentos parado por la enfermedad de uno de los investigadores.

A los doctores Dhruv y Shah sólo se les ocurren dos posibles hipótesis para explicar el metabolismo sobrenatural de este sadhu o santo. La primera, que sobreviva no de ingerir calorías, sino de absorber otra fuente de energía, como la solar. La segunda, que estas personas que pasan desde pequeños mucho tiempo dentro de una cueva, se acostumbran a ingerir aguas subterráneas con alto contenido en minerales, lo que puede constituir un aporte energético extra.

Sus vecinos del pueblo de Ambaji, el lugar más cercano a la cueva donde vive, y sus fieles en general, aseguran que hace muchos años que no come, y que vivirá así todos los años que quiera.Nosotros seguimos interesados en su vida.

P.- ¿Qué actividades hace en un día normal?

R.- Medito las 24 horas [su amigo añade que duerme entre tres y cuatro horas al día].

P.- ¿Por qué decidió llevar esta vida de meditación y soledad?

R.- A los cinco años dejé a mi familia, me escapé al bosque a buscar la salvación.

P.- ¿Sigue en contacto con su familia?

R.- Sí, tengo cinco hermanos y una hermana. No tengo amigos.

En estos momentos suena un teléfono móvil. Todos nos quedamos estupefactos cuando el gurú mete la mano dentro de sus vestimentas y saca un Nokia rojo brillante enfundado en un plástico con cremallera, último modelo en fundas para móviles. Mira hacia la pantalla, como si pudiese reconocer el número que llama, luego se lo acerca a la oreja y comienza a hablar. Cuando cuelga pregunto quién le ha llamado. «Es la gente que pregunta cuándo va a regresar al pueblo», dice su amigo-representante.

Me intereso sobre la cobertura de los móviles en las cuevas y la posibilidad de cargarlos, y me contesta que sólo lo usa cuando está en la capital, en su casa, y que todo el mundo tiene móviles hoy en día. De todas formas veo que sabe utilizarlo, no sólo recibe, sino que es capaz de llamar. Un gurú muy comunicativo.Para haber recomenzado a hablar, como él dice, hace poco tiempo, demuestra bastante soltura en su discurso telefónico.

P.- ¿Sigue viendo a la diosa Matajee?

R.- Sí, se me aparece tres o cuatro veces al mes, cuando medito.Me pide que formule un deseo, pero yo no pido nada [aquí su amigo le recuerda que estuvo en silencio muchos años, que lo cuente].Durante años no hablé, empecé a hablar de nuevo hace cinco años, porque me di cuenta de que mi lengua estaba menguando por falta de ejercicio.

P.- ¿Cree que tiene poderes especiales?

R.- Tengo una gran confianza en mí mismo, pero no poderes.

P.- ¿Cree que hay en el mundo otra gente como usted?

R.- Creo que sí, otro ser humano podría hacer lo que yo hago por medio de la meditación y el yoga.

Prahlad Jani sabe que hay muchos más como él. En la India es frecuente ver a hombres que dedican su vida a la completa meditación, o a peregrinar de templo en templo llevando una vida austera y completamente mística. Los que meditan y practican yoga durante horas, los yoguis, consiguen un nivel de abstracción equiparable al trance. Los jainistas, seguidores de una de las religiones más antiguas del mundo, son capaces de ayunar durante un mes o 45 días.

Hay muchos casos documentados. El más llamativo sucedió hace casi 10 años. Jain Muni Shri, un hombre de 64 años, ayunó 201 días, sólo tomando dos vasos de agua diarios. Los hombres sagrados o holy men, como nuestro entrevistado, son respetados y queridos.De ellos se dice que pueden hablar con los dioses, conocer sus deseos e incluso persuadirlos para hacer ciertas cosas. Deben de vivir de una forma muy simple, sin lujos ni dinero; deben dejarse crecer el pelo e ir descalzos si es posible. Casi nunca salen en los medios de comunicación. Su práctica es demasiado normal y conocida. Son miles los que existen en la India. Los que sí acaparan atención y atraen a devotos son algunos que se atribuyen poderes sanadores o milagros. Por todo el país hay algunas ONG que se ocupan de alertar contra estos estafadores y la falsedad y ánimo de lucro que les rodea.


PROFESIONAL POSANDO


Antes de la entrevista, el anfitrión de la casa anima al protagonista a que me enseñe el mini-templo instalado en su casa. Matajee me invita a sentarme a su lado mientras enciende incienso. Veo que, aparte de Durga, su diosa predilecta, están representados Shiva, Krishna y Kali. Es un altar muy nuevo y completo, donde abundan las figuras de bronce y escasean las estampas de papel.El gurú parece un profesional posando para las fotos.

P.- ¿Sabe quién gobierna la India, quién manda?

R.- No, no me interesa la política.

P.- ¿Sabe quién es Mahatma Gandhi? [nació en su misma región y murió cuando él era un niño].

R.- No sé lo que pasa en el mundo, yo sólo conozco el bosque.

P.- Pero cuando viene a esta casa duerme en esta cama [una cama de matrimonio, nueva y confortable]. ¿No prefiere dormir aquí que hacerlo en una cueva?

R.- Yo prefiero dormir en la cueva, pero no me importa hacerlo aquí.

La citada cama, en donde permanece sentado durante la entrevista, pertenece a su amigo Chaudhari. La habitación y, en general, la casa, denotan un nivel de vida bastante superior a la de un hindú de clase media-alta. Chaudhari es el presidente del Partido del Congreso de un distrito de Ahmedabad, el partido heredero de los legendarios Nehru y Gandhi.

Ahora esta formación política ejerce de oposición en el estado de Gujarat, un Estado que destaca por ser uno de los más integristas del subcontinente. Está prohibida la venta de alcohol. En el año 2002, en unas revueltas de origen étnico-religioso, grupos de hinduistas asesinaron a 2.000 musulmanes. La policía y los poderes públicos destacaron por su dejadez.

Para ser un político famoso y atraer votos, el candidato de Gujarat tiene que hacer campaña en los templos. Si sale en la foto acompañado de hombres santos, como Prahlad Jani, su popularidad sube. Chaudhari se muestra en todo momento muy solícito, incluso nos regala unas 25 fotografías de Prahlad cuando era joven, aparte de fotos carné del santo para llevar en la cartera.

No se queda ahí, sino que intenta aumentar su leyenda. Señalando a un chico minusválido dice que ahora anda, después de ser bendecido por su amigo el gurú. La entrevista continúa.

P.- ¿Qué piensa de toda la atención mediática que hay en torno a usted?

R.- No me interesa.

P.- Hay gente que piensa que toda su historia es inventada y que usted dice todo esto para sacar beneficio, para ganar dinero.¿Qué les contesta?

R.- Mucha gente viene a mí porque tiene miserias y penas. Me dan dinero, pero al final del día se lo entrego al templo o a los pobres [en este punto, le dice al traductor que se está haciendo tarde y que tiene cosas que hacer].

P.- Déjeme hacerle una última pregunta. ¿Cuál era su comida favorita, qué recuerda del sabor de la comida?

R.- No recuerdo nada, no sé lo que me gustaba.


ESCEPTICISMO CIENTIFICO


La comunidad científica tampoco parece muy entusiasmada por estudiar el metabolismo de Matajee. Según el director del hospital, ha recibido llamadas de médicos de Austria, pero de ningún país más. Para el doctor Dewan, del Max Healthcare, un prestigioso hospital privado de Nueva Delhi, el hecho de que un hombre no orine por varios días es algo sobrenatural, pero el hecho de que una asociación de médicos, como la de Ahmadabad, certifique un fenómeno parecido, no parece impresionarle. «Hoy en día cualquiera puede inscribirse en una asociación de éstas. Lo que se debería hacer es repetir estas pruebas de nuevo, con doctores de distintos hospitales».

Ni él ni cualquiera de los profesionales de la sanidad consultados piensan que sea posible que alguien pase 60 años sin comer ni beber, y consideran que es muy extraño que una persona no expulse orina en más de 72 horas. La mayoría, sin embargo, sí cree que es posible, por medio de la meditación, superar situaciones extremas, evitar o menguar el sufrimiento o el hambre.

Al acabar la última respuesta, el gurú se levanta, coge mis manos entre las suyas, se inclina en señal de saludo y se despide.Esta vez lleva su móvil en la mano. Son las 22.30 de la noche.Mañana regresa al pueblo en el coche de su amigo.

No está muy claro por cuánto tiempo se quedará en la cueva esta vez. Parece que tiene en mente hacer una gira por los pueblos vecinos, para repartir unas cuantas bendiciones. Las futuras pruebas médicas a las que se someta el ermitaño pueden ser muy reveladoras. Mientras, debe satisfacer la demanda de expectación levantada a su alrededor. Esperemos que le quede tiempo para continuar meditando.

¿KARMA O MARKETING?
La meditación trascendental, tan admirada por muchos, puede ser un negocio millonario. Si no, que se lo pregunten al gurú indio de The Beatles. Maharishi Mahesh, conocido en occidente por acompañar al grupo de música británico más famoso de todos los tiempos, vive ahora en Holanda, y su fortuna se cree que supera los varios millones de libras. Su imperio incluye una televisión por satélite que extiende su doctrina, clínicas de medicina ayurvédica y otros centros de estudio. Manesh, ya octogenario, se comunica por videoconferencia o email con sus amigos o seguidores. Es verdad que del móvil a Internet hay un paso. ¿No creen que el gurú Matajee podría dar este salto tecnológico? Desde luego da la impresión de que la gente que le rodea está convencida en promocionarle y, de paso, tal vez de sacar algún beneficio espiritual o comercial.

En lo referente a su credibilidad mediática en su propio país, Prahlad Jani no las tiene todas consigo. «Esto de dar el dinero a los pobres es algo del pasado, ahora no se hace. Es obvio que está ganando mucho dinero». Son palabras de Stavan, un periodista gujarati del Indian Express, un prestigioso diario nacional.

Él, al igual que su periódico, que sólo le dedicó un día de atención al caso, desconfía del altruismo del gurú y su consejero. Recuerda, además, que la mayoría de los políticos en India destacan por sus actividades corruptas, como han demostrado recientes escándalos de actualidad.

Otra colega de un canal nacional indio de información, la New Delhi Television, desconfía de la buena fe del hospital y de los doctores que destaparon la historia. «En Ahmadabad hay 17 hospitales privados y mucha competencia. Esto es muy buena publicidad para uno de ellos. Es extraño que no nos dejen ver las pruebas del experimento. Se dio la información después de que todo hubiera ya pasado». 

 

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